● FORO SPORTSTER ●
Día 3:
Bühlertal, Alemania – Lago de Constanza, Kreuzligen Suiza
Despertamos y nos fuimos a desayunar, como todas las mañanas disfrutábamos de unos buenísimos desayunos, miren que los hoteles alemanes tienen estilo para satisfacer los paladares más exigentes y nosotros nos dábamos vuelo comiendo verdaderos manjares, muchos de ellos caseros, que según mi percepción a los alemanes les gusta consumir productos de este tipo, así que cumpliendo el cometido de cada mañana comimos lo suficiente para aguantar hasta que nos fuera posible volver a comer.
Pasamos por los nuevos acompañantes de esa aventura, los compadres Erick, Karlita y los ahijados Carolina y Mauricio. Todos muy emocionados subimos las maletas a su camioneta, llenamos tanques de gasolina y tomamos camino para la carretera 500 que estaba cerca de ahí la cual era la causante de la idea de rentar la moto, avanzamos muy poco realmente y las curvas inmediatamente nos dieron la bienvenida, como asegurándonos que nos divertiríamos como enanos cruzando esa zona montañosa, unos pocos kilómetros fueron suficientes para que el nivel de adrenalina subiera, llegamos al Naturpark Saxhwarzawald (Parque Natural de la Selva Negra) donde hicimos una parada, e intentamos hacer una caminata rápida a la primer estación de las diferentes rutas que hay para hacer senderismo, pero la subida que era muy empinada, nuestra falta de condición y sobre todo la inquietud de seguir disfrutando de esas curvas nos hizo cambiar de idea y regresar a los vehículos para continuar nuestra aventura. No podíamos negar que el paisaje era muy bonito, que el ver las telesillas (las banquitas que suben a la gente a las estaciones de esquí) nos hacían imaginar como se vería ese lugar cubierto de nieve y que sería genial experimentar ese deporte, les pedimos a los compadres que en la primera oportunidad regresaran a ese lugar a esquiar, terminada la encomienda bajamos un poco más rápido llegando así al estacionamiento, donde recordamos que llevábamos una pequeña bandera de México y la acomodamos atorada en la maleta izquierda para que orgullosa ondeara mientras vagáramos allá; después del solemne momento y antes de partir no pudimos resistirnos a tomar unas cuantas fotografías con ese fondo natural que teníamos la fortuna de disfrutar.
Salimos nuevamente a la carretera 500; el siguiente punto de nuestro recorrido era buscar donde comer el auténtico pastel Selva Negra que es originario de esa región y fue hasta llegar a Kniebis, donde lo encontramos, claro no fue fácil, entramos al pequeño poblado enclavado en la zona montañosa y buscamos alguna pastelería o cafetería donde comerlo sin tener éxito, hasta que los compadres preguntaron en un negocio y les dijeron que solo lo encontraríamos en el Restaurante Waldhorn Kniebis que estaba en la salida del pueblo a pié de carretera, así que hacia allá fuimos rapidamente, el buen clima nos sugirió usar las mesas que estaban afuera del negocio, para pedir inmediatamente el ansiado pastelillo acompañado de un café, inicialmente habíamos pedido solo dos para compartir, pero en cuanto nos llevaron las primeras rebanadas las vimos tan apetecibles que decidimos pedir una para cada quien sin pensarlo, casi en silencio cada uno degustaba a su propio ritmo el delicioso pastel hecho con productos caseros y con la receta original que según data del siglo XVI, lo que más nos complació fue el “Kirschwasser” un licor de cerezas agrias típicas de ahí, que le da ese toque envinado al pastel, un tanto fuerte pero muy bueno.
En el lugar había un par de motociclistas que terminaron su descansó antes que nosotros y se fueron, también pasaron varias motos por la carreta que estaba a pocos metros de nuestra mesa, entre ellos vimos un pequeño grupo con chaleco del HOG, fueron de las pocas Harley que encontramos en el recorrido.
Una plática muy agradable se dio en la sobre mesa, el tema principal era la belleza del camino, el paisaje, el buen estado de las carreteras, la clara señalización que hasta el momento habíamos encontrado y claro riéndonos de las ocurrencias de los peques que a veces hablaban como “minions” por lo que pedíamos la traducción de los papás, momentos después decidimos que ya habíamos logrado nuestro objetivo y salimos de ahí, todos con una cara de felicidad como poniéndole una palomita a la enorme lista de cosas por hacer antes de morir…
Retomamos el camino regresando unos 5 kilómetros para tomar la carretera L96 y así continuar con la ruta que habíamos programado, un par de curvas muy pero muy cerradas que formaban una zeta nos emocionaron pues al estar combinadas con el paisaje de los bosques y las montañas de la selva negra parecía que peleaban por llamar nuestra atención, yo no sabía que me gustaba más, así que me dedique a disfrutar ambas, alternándolas al vaivén que dictaban las curvas, de vez en cuando algún viejo poblado de esos que casi son hechos de piedra del siglo XVII nos distraía presentándonos un pedazo de historia. Por ir fascinados recorrimos apenas unos 50 kilómetros en poco más de una hora y sin darnos cuenta llegamos a Triberg, un pueblo turístico famoso por sus muchas fábricas de reloj cuco (si, así se llaman) y porque algunos lugares tienen unos cucos gigantes.
Caminamos para recorrer la calle principal del poblado mientras comíamos unos sándwich que la comadre Karlita como buena madre precavida llevaba preparados, al mismo tiempo bobeando las artesanías y luchando por no terminar comprando uno de esos relojes jajaja, logramos salir invictos pero preparándonos para recibir una tormenta que nos amenazaba, así que equipados con lo poco que llevábamos decidimos enfrentar nuestro destino.
Salimos del poblado y la lluvia era aún ligera, podíamos seguir disfrutando del paisaje, las montañas llenas de árboles no dejaban de gustarnos, incluso cuando las nubes obscuras las coronaban seguían teniendo ese toque mágico, finalmente la tormenta nos llegó pero solo unos minutos, al parecer se dio cuenta que no podría convencernos de ocultarnos, tuvo clemencia de nosotros y paró tan repentinamente como había llegado.
Llegamos a Villingen-Schwenningen lo que significaba que ya habíamos terminado de cruzar la famosa Selva Negra, -Que por cierto ni es selva ni es negra, según leí tiene ese nombre por ser una zona con unos bosques muy cerrados que la hacen parecer selva y las altas montañas que la conforman la hacen oscurecerse y de ahí la parte “negra”-. Nos despedimos de ella viéndola por el espejo retrovisor agradeciéndole la oportunidad de conocerla, vivirla y disfrutarla. Sin duda una gran experiencia que quedará grabada como otras tantas en el corazón.
Seguimos nuestro camino con cierta nostalgia, pero también con gran emoción pues cada vez nos acercábamos más…
EL paisaje empezaba a cambiar, una planicie nos anunció que estábamos por llegar al Lago Constanza, el cual apareció sorprendiéndonos con su gran tamaño y belleza, resulta que es alimentado por el río Rin, además de ser el punto donde se unen tres países: Alemania, Suiza y Austria, rodeamos una parte del lago hasta que el camino nos condujo a la frontera, se acababa nuestro país anfitrión, cruzamos la línea divisoria y la garita estaba algo transitada, pero no nos revisaron nada, pensábamos que al salir de la comunidad Europea íbamos a tener que hacer el clásico ritual para entrar a otro país pero no fue así, pese a estar un tanto nublado y que el sol ya se estaba ocultando Suiza nos recibía con bastante calor, así que inmediatamente nos dirigimos al hotel donde teníamos reservaciones en Kreuzligen, que es la primer ciudad de aquel lado.
Cuando intentábamos llegar al hotel nos pasamos de la entrada y nos tuvimos que dar una vuelta en “U” con cierto temor pues no sabíamos si estaba permitido, pero era necesario. Ya en la habitación lo primero que hicimos fue destapar las cervezas que llevábamos, si las deliciosas 8.6, que habíamos comprado en Francia, nos permitieron refrescarnos en el balcón de nuestra habitación, y donde nos dimos cuenta que muchos autos se daban la misma vuelta en “U” que nosotros con demasiada confianza, así que se nos quitó el cargo de conciencia de haber quebrantado las leyes de tránsito.
Entre risas y cervezas la adrenalina del viaje fue pasando y cuando caímos en cuenta recordamos que no habíamos comido, bueno, solo los sándwich, así que salimos a buscar algo de cenar, no encontramos muchas opciones pero si un parque donde había música en vivo y vendían cerveza de barril, así que nos sentamos en una banca a escuchar la música y probar la cerveza Suiza, mientras los niños bailaban llamaban la atención de los Suizos que estaban ahí, que por más que los veíamos contentos no lo expresaban tanto. Así también les platico que no llevábamos francos suizos y que al comprar las cervezas nos estafaron con el tipo de cambio al pagar con euros pero ni modo así es esto de ser turista…
Seguíamos caminando, buscando algún restaurante cuando a los niños les entró una euforia nacionalista repentina que los hizo empezar a gritar al unísono “México, México, México” que nos sorprendió a todos, incluso pensábamos si también habían tomado cerveza pero no era así, contentos de escucharlos nos fuimos a cenar unas deliciosas pizzas y otras cervezas, ya era más de media noche cuando nos fuimos a dormir, pero antes de hacerlo otra vez aparecía esa emoción que aumentaba conforme nos íbamos acercando, casi podía sentirlos…
Continuará…
Tiger, El Escribidor.
Me siento agraciado por leer tus relatos….
Lo que me asombra ademas de los detalles tan bien expuestos es como le haces para acordarte de toda esa vivencia, que lo vas grabando, o que por que los detalles y la narrativa es asombrosa.
Gracias Escribidor y a Moni tambien que seguro te alentara y recordara de esas emocionantes vivencias
Gracias a todos por sus comentarios, con calma pero sigo escribiendo…
Chuy no grabo nada, solo antes de escribir me tomo un alcoholito y empiezo a disfrutar nuevamente el viaje en mi mente, las palabras fluyen solitas, mi reto es ver que pasa primero si me vuelvo escritor o alcohólico jajajaja
Ya sabes lo que digo: el viaje dura unos días, pero lo recuerdas toda tu vida.
Salud…os
Día 4: Kreuzligen – Stäfa, Suiza.
Antes de que amaneciera una sed insoportable me despertó, haciendo que me levantara a buscar algo de tomar, pero no encontré más que una botella de refresco vacía, pues el compadre Erick se había levantado antes que yo a buscar lo mismo y me lo ganó jajaja
Una vez que amaneció, nos levantamos para ir a desayunar y lo primero que hicimos todos fue tomar agua como náufragos recién rescatados, la resaca por las cervezas de la noche anterior estaba cobrando la factura, lo bueno era que el desayuno bufet nos ayudaría con eso, varios litros de agua y jugo solucionaron la situación.
Subimos el equipaje a los vehículos y nuevamente salimos al camino, tomamos la carreta que bordea el lago Constanza disfrutando el paisaje que es la mezcla adecuada de casas muy campiranas, que respetan la naturaleza y producen una verdadera postal para donde voltees. Buscábamos un balneario a la orilla del lago para disfrutar un rato, pero una vez que lo encontramos, vimos que los precios eran demasiado caros para el poco tiempo que pretendíamos estar, así que decidimos regresar a un área de juegos para los niños con forma de barco que habíamos visto en el camino. Nos detuvimos ahí para que jugaran los peques un rato, pero nosotros también nos divertimos y terminamos refrescándonos en la orilla del lago.
Nos dirigimos al estacionamiento para irnos y nos dimos cuenta de que en el lugar destinado para las bicicletas ninguna de ellas estaba asegurada con cadena o algo por el estilo, lo que nos hizo pensar que estábamos en un lugar muy seguro, salimos nuevamente a carretera, en la primera gasolinera nos detuvimos a llenar el tanque decididos a internarnos en el país más verde del mundo, buscando nuestro objetivo…
Los paisajes de postal no se hicieron esperar, las casas de madera nos sorprendían a cada curva, los enormes pastizales que parecían no tener fin se mostraban como inmensas alfombras donde se podían ver a las felices y enormes vacas lecheras pastando y perfumando el ambiente con su olor característico, la conclusión de nuestro grupo de viajeros es que toda Suiza huele a vaca… aunque no era impedimento para seguir disfrutando el paseo.
Seguíamos con la idea de evitar las autopistas y conforme avanzábamos por las carreteras secundarias nos íbamos acercando a las montañas, los pequeños poblados eran nuestros favoritos, cruzar las campiñas, tomar las curvas con un paisaje de ensueño como fondo, que hacían la sensación tan placentera que nos perdíamos en el tiempo y en el espacio.
Llegamos a la ciudad de St. Gallen la cual cruzamos de extremo a extremo, pero antes de salir pasamos a un centro comercial a comprar víveres; al dejar la ciudad se puso interesante el camino, entramos a la primer montaña donde curvas muy cerradas nos entretenían, el cielo azul poco a poco se iba llenando de nubes, pero el paisaje seguía siendo muy agradable, la escena era: nuestros compañeros de viaje, los compadres y los ahijaditos siguiéndonos en su camioneta con una cara de felicidad igual que nosotros, la cinta asfáltica marcando la dirección a seguir, la GS 700 marcaba la velocidad adecuada para disfrutar las curvas, el pasto verde cortado casi milimétricamente que servía de tapete para los viejos árboles que adornaban las montañas y que a su vez se mezclaban con el cielo nublado formando una especie de zigzag, a ese paisaje, por momentos se le agregaban las granjas ganaderas de la región o lo pequeños poblados que no dejaban de aparecer y de maravillarnos, esa fue la razón por la que nos tardamos muchas horas en recorrer unos 150 kilómetros, claro que el tiempo no nos preocupaba, solo se trataba de disfrutar el momento.
Nos detuvimos en un paradero que aún estaba en construcción, donde había un pequeño espacio para estacionarnos, comimos ahí los víveres recién adquiridos, descansamos un rato al tiempo que veíamos que las nubes se ponían más oscuras, y hacían inminente que ese día nos íbamos a mojar.
Habíamos acordado llegar a Lucerna para recorrer la ciudad y regresar unos 40 kilómetros para pasar la noche en Stafä, donde ya habíamos reservado una casa de esas en las que rentan habitaciones con desayuno incluido, así que con esa idea acabamos nuestra pausa y continuamos nuestro camino.
Pocos kilómetros antes de llegar a Stafä las nubes decidieron dejar de amenazarnos y mojarnos con un torrencial aguacero, que en pocos minutos nos dejó hechos sopa, las chamaras ligeras que llevábamos no sirvieron de mucho, seguimos avanzando y al salir de la ciudad nos detuvimos para replantear el recorrido, pensamos que si el mal clima estaba en toda esa zona de nada serviría llegar a Lucerna, pues no podríamos disfrutar de la ciudad, así que decidimos regresar e ir a buscar la casa donde nos hospedaríamos, y ver como seguiría el clima.
Llegamos a la dirección indicada por la aplicación donde hicimos la reservación, se complicó un poco la situación al localizar al dueño por la falta de internet, hasta que Moni y Karlita fueron a la estación del tren y encontraron una red abierta afuera de un banco, que sirvió para avisarle que ya estábamos ahí, para ese entonces la lluvia había cesado, en cuestión de minutos nos instalamos en la casa, que resultó interesante, era una construcción un tanto antigua; en la parte de las escaleras se veía una gran fractura en el muro y un poco hundida esa parte de la casa aunque con estilo, solo pensé en que no se cayera mientras estábamos ahí.
Fuimos a la sala de estar y nos sorprendió la decoración gratamente, aunque no tenía un estilo definido, dejaba ver el toque de un coleccionista o algo así, muchas antigüedades y pinturas la adornaban con buen gusto.
Salimos a recorrer las cercanías y llegamos a una especie de malecón que daba a la orilla del lago Zürichsee, donde disfrutamos de la vista, todas las pequeñas poblaciones que se establecen a su alrededor y al fondo del horizonte, muy al fondo se podían ver, estaban ahí como retándonos a treparlos, eran los Alpes Suizos que ya se asomaban, los vimos fijamente como concertando una cita que muy pronto se celebraría.
Después de fascinarnos con ese paisaje y de una larga sesión fotográfica, decidimos ir a buscar algo para cenar, además disfrutamos unas cervezas y la plática reviviendo los detalles de nuestra gran aventura, disfrutando de la compañía de la pandilla viajera, Karlita, Erick, Mau, Caro, Moni y Yo, para luego ir a descansar, después de todo ya eran pocos los kilómetros que nos separaban de nuestro objetivo, o eso creíamos…
Continuará…
Tiger, El Escribidor.
[quote author=Tiger link=topic=11648.msg161823#msg161823 date=1536720229]
Gracias a todos por sus comentarios, con calma pero sigo escribiendo…
Chuy no grabo nada, solo antes de escribir me tomo un alcoholito y empiezo a disfrutar nuevamente el viaje en mi mente, las palabras fluyen solitas, mi reto es ver que pasa primero si me vuelvo escritor o alcohólico jajajaja
Ya sabes lo que digo: el viaje dura unos días, pero lo recuerdas toda tu vida.
Salud…os
Excelente querido amigo Tiger no le aunque tomes mucho tu sigue narrando
Je je je jeje e
saludos
Día 5: Stäfa – Andermatt, Suiza.
Nos levantamos, disfrutamos de la hospitalidad de nuestro anfitrión que nos ofreció un desayuno casero muy patriótico, pues incluía huevos duros que estaban pintados con la bandera de Suiza lo que llamó mucho nuestra atención, además de admirar la decoración de la sala comedor mientras de fondo musical se escuchaba el disco Ease down the road de Bonnie Prince Billy, que daba ese toque nostálgico, y a la vez llegaba la emoción que producía esos sentimientos encontrados que sufren los viajeros cada que toman nuevamente el camino: algo de tristeza por despedirse del lugar donde se sintieron muy a gusto y al mismo tiempo la emoción de continuar con su camino en busca de la aventura…
Después de haber desayunado con calma pero sustanciosamente, subimos nuestro equipaje, nos despedimos del dueño de la casa y nos fuimos, al salir Moni se dio cuenta que nos tomó una foto, seguramente le parecíamos un grupo de aventureros muy extraño.
Salimos del poblado despidiéndonos de los viñedos que estaban a la orilla del camino, cruzamos el lago y la carretera nuevamente nos esperaba con los paisajes de ensueño, algunas veces incluía lagos con montañas, otras veces poblados muy antiguos o simplemente la carretera contrastando con los verdes campos, en este punto encontramos bastantes motos, muchas traían placas de Holanda, la mayoría eran doble propósito, todos nos saludaban al cruzarnos con ellos, unos iban y otros venían, cada quien buscaba la carretera de sus sueños, lo bueno es que en Suiza hay carreteras y curvas para todos los gustos.
En ese tramo había una autopista que era gratis, pero nosotros decidimos irnos por la otra carretera, pues ya sabíamos que ese tipo de carreteras eran las que a cada kilómetro nos sorprendían.
Avanzamos a buen paso y en menos de una hora llegamos a Lucerna, una ciudad medieval con mucho encanto, tanto, que es la más turística de todo el país, nos estacionamos a un lado del Puente de la Capilla, que es el que cruza el río Reuus justo antes de desembocar a un lago, el famoso puente es de pura madera y fue construido por el año 1333, lo que lo hace el más antiguo de toda Europa.
Hicimos el recorrido por la parte turística de la ciudad, caminando y maravillándonos con las construcciones muy antiguas; espantándonos con los precios de las cosas pues todo era realmente caro, seguimos vagando entre las calles hasta que nos cansamos de caminar y decidimos que ya era hora de irnos. Serían las 2 de la tarde cuando nos despedimos de Lucerna, tomamos la carretera y la emoción aumentaba, sabíamos que la hora se acercaba y que en cualquier momento los encontraríamos…
Apenas habíamos avanzado 30 kilómetros en media hora y justo cuando íbamos terminando de rodear la montaña Rigi, de pronto nos sorprendieron, estaban ahí, frente a nosotros, aparecieron mágicamente, con una majestuosidad indescriptible, Los Alpes Suizos. Sentí como mis ojos se abrieron demasiado intentando verlos en su totalidad de un solo vistazo, esa emoción llegó para quedarse en nosotros por mucho tiempo, no solo lo que duró el viaje, de hecho, aún la sigo sintiendo…
Ya estábamos ahí, parte del plan se había completado, ahora faltaba lo más emocionante, subir y recorrer lo más que se pudiera…
Rodeamos el lago de Los Cuatro Cantones por más de 50 kilómetros, y sí, está muy grandote, además de que engalanaba siendo la puerta de los Alpes; con una gran cantidad de túneles de piedra, la carretera no se quedaba atrás con su belleza, seguimos así hasta llegar a Flüelen, donde nos paramos a comer mientras teníamos una vista única, de ahí los Alpes se veían mucho más grandes, además se notaba que tenían nieve en la parte más alta, lo que los hacía más interesantes.
En el estacionamiento nos encontramos un Alfa Romeo 4C que nos distrajo un rato admirándolo, pero en cuanto se fue volvimos a disfrutar del paisaje, comimos con un sabor de triunfo, mientras la GS afuera parecía sonreír como si ella también disfrutara la aventura.
Salimos del restaurant y antes de irnos, el magnífico escenario nos obligó a realizar una larga sesión de fotos en la moto con las montañas como fondo (tienen que verlas). Tomamos una carretera que cada vez se hacía más angosta y las curvas se ponían más interesantes, Íbamos fascinados cuando frente a nosotros apareció el Paso del Gotardo, el primer reto para subir a los Alpes Lepontinos, donde las curvas dibujaban una especie de zigzag que hicieron que la adrenalina subiera al 100, la felicidad también aumentó, es indescriptible la emoción que nos causaba, por un lado las curvas que exigían atención total pero que se disfrutaban y por el otro, el paisaje que nos fascinaba más y más conforme ascendíamos; la moto parecía escalar la montaña, que de cierto modo eso hacía, a cada curva que se agarraba al asfalto como si llevara magnesio en las llantas y al ver que respondía bastante bien y de forma segura al curvear, aprovechamos para centrar la atención en el camino y el paisaje que era una combinación mágica, el frío se empezaba a sentir un poco pero nada que no soportaran 6 toluqueños, los compadres nos seguían valientemente en la camioneta que también respondió bastante bien, juraría que por el retrovisor alcanzaba a ver la sonrisa del compadre Erick que también se iba divirtiendo como enano y Karlita enfrentando sus temores a las carreteras sinuosas, que además estaba muy transitada, pero no se rajaba, también disfrutaba la sensación que forzosamente el ambiente nos inyectaba como una intravenosa que no dolía, pero si nos hacía flotar de felicidad.
Llegamos a Andermatt, pero aun nos faltaba coronar el día, así que seguimos avanzando para subir el Paso OberAlp que por cierto es donde nace el río Rin; la carretera aquí estaba casi libre, las curvas seguían igual que las anteriores pero era claro que ya estábamos en la parte alta de este Alpe, la vegetación había cambiado totalmente, la mayor parte del paisaje se admiraba ahora hacia abajo, lo que nos obligó a detenernos en un mirador para contemplar desde la parte alta de los Alpes, pues ese era nuestro objetivo, era maravilloso estar ahí, estábamos realizando un viaje que nunca habíamos imaginado, que ni siquiera había pasado por nuestra mente algún día hacerlo, uno que no habíamos planeado como los viajes anteriores, esta vez solo nos dejamos llevar, el destino nos llevó ahí. Erick y Karlita al invitarnos a visitarlos, propiciaron que llegáramos a ese mágico lugar y gracias a ellos podíamos decir que estábamos en ese punto del planeta, que nos hacia disfrutar con el simple hecho de estar parados a la orilla de la carretera.
Por un momento todos nos quedamos en silencio, anonadados, disfrutando esa placentera sensación; después de un rato empezamos a hablar de nuestras impresiones de la aventura que acabábamos de recorrer y todos coincidíamos que era genial haber podido llegar a ese punto.
Teníamos pendiente darle una vuelta en la moto a Erick y no podía haber mejor lugar para hacerlo, así que Moni le prestó su casco y nos subimos a la moto, primero avanzamos por una pequeña recta y después dimos vuelta en “u” para pasar nuevamente por las curvas del Oberalp Pass; inmediatamente apareció la adrenalina combinada con la felicidad que se volvía una dosis formidable, las curvas se vivían diferente al bajar que al subir así que solo las disfrutábamos, un poco antes de llegar al pueblo regresamos al mirador, al llegar ahí sentíamos que flotábamos, teníamos una sobre dosis de emoción, que fue interrumpida por la despedida, pues en ese punto nos separábamos de nuestros valientes acompañantes, ya era domingo por la tarde y ellos tenían que regresar a Bühlertal en Alemania para ir a trabajar al día siguiente, los ahijaditos tenían que ir a la escuela y nosotros vagaríamos unos días más por los Alpes, así que con tristeza nos despedimos aunque sabíamos que en pocos días nos volveríamos a ver.
Todavía bajamos juntos para llegar a Andermatt, en la entrada del pueblo ellos tomaron carretera y nosotros nos internamos en las 4 calles que lo formaban para buscar donde hospedarnos, estacionamos la moto, decidimos caminar para preguntar en todos los hoteles si había habitaciones disponibles y sobre todo saber el costo, pues al ser una zona muy turística y estar en medio de la nada los precios eran muy altos, de hecho fue el hotel más caro que pagamos durante todo el viaje aunque no el mejor.
Encontramos habitación en un hotel de madera, de esos que se ven en las postales navideñas, sencillo pero elegante, el cuarto muy pequeño y un poco chueco, pero así son esas construcciones. Salimos a cenar un kebab donde había unos motociclistas holandeses que estaban haciendo el mismo recorrido que nosotros, aunque ellos se fueron muy molestos porque a la hora de pagar fueron víctimas del abusivo tipo de cambio que manejaban los suizos, nosotros como ya habíamos aprendido la lección, antes de llegar, pasamos a un cajero automático a hacer un retiro y poder pagar en efectivo para evitar ser robados.
Caminamos un poco por el pueblo hasta que el cansancio nos obligó a irnos a descansar, aunque la verdad es que no podíamos dormir, pues en la cabeza seguían aquellas imágenes de las curvas y los Alpes que continuábamos disfrutando, hasta que el cansancio nos venció y dormimos felices de haber logrado otro objetivo no planeado….
Continuará…
Tiger, El Escribidor.
Día 6: Andermatt – ¿?
Parte I
Paso Furka
Despertamos emocionados pues había muchas más curvas que recorrer, estábamos ansiosos de seguir nuestra aventura, visitamos el comedor y como todos los días comimos verdaderos manjares, este en particular lo disfrutamos mucho pues seguía siendo parte del festejo de nuestra buena fortuna.
Salimos al estacionamiento con el equipaje y cuando lo estábamos acomodando en la moto, llegó un motociclista que también iba de salida, su doble propósito estaba parada junto a la “nuestra”, no recuerdo exactamente de donde eran las placas que traía, pero eran de un país del norte de Europa, moví la moto para guardar las cosas en la maleta trasera y vio nuestra bandera de México, no nos dijo nada y justo cuando se fue se despidió diciendo algunas palabras que no entendí ni supe que idioma era, levanté la mano deseándole buen camino en inglés pero no supe si me escuchó.
Dos minutos después llegó al estacionamiento otro huésped que se acercó a platicar con nosotros, él era francés, nos preguntó sobre el viaje y le sorprendió escuchar que la moto la habíamos rentado en París y más aún cuando nos preguntó de donde éramos,
-Yo vivo en California- casi gritó emocionado, -Muy cerca de México- continúo diciendo.
– Mira que bien, casi somos vecinos- le contesté, como si 3000 kilómetros no fueran nada.
Se sorprendió todavía más cuando nos preguntó y le platicamos sobre nuestro recorrido por Europa.
Nos despedimos deseándonos buen camino muy amigablemente, mientras, nosotros estábamos ya ansiosos por salir de ahí y seguir el viaje.
Había amanecido con mucha neblina y lloviznando un poco, pero no nos íbamos a detener por eso, nos subimos a la moto, salimos lentamente a la calle dando el último vistazo a aquel pequeño pueblecito que nos había agradado tanto a pesar de ser tan caro, casi al salir nos encontramos una carreta muy antigua que daba paseos a turistas, los choferes iban vestidos como de una época antigua, les tomamos unas fotos y salimos del pueblo.
Al tomar carretera nos encontramos con muchas motos que seguían yendo y otras viniendo, también junto a una pareja de unos 80 años que iba en bicicleta y además llevaban equipaje, lo que significaba que viajaban ya hacía tiempo; sorprendidos seguimos nuestro camino, al frente teníamos la otra parte de los Alpes, íbamos rumbo al Este, queríamos recorrer dos de los pasos mas famosos de la zona, así que empezamos a subir y subir por curvas fantásticas, muy cerradas, aunque con un paisaje parcial pues la neblina no cedía, aún así se disfrutaba, llegamos a un mirador en la parte alta que nos obligó a detenernos, para disfrutar de una vista panorámica de Realp, otro pequeño poblado metido en un pequeño valle que formaban las montañas adornado por la carretera que serpentea para llegar hasta él, al detenernos nos llevamos la gran sorpresa de que en ese tramo de carretera se habían grabado escenas de la película Goldfinger de James Bond en 1964, según una placa que ahí estaba. Hicimos nuestra sesión fotográfica habitual y también fuimos parte de la atracción para un grupo de turistas orientales, que al vernos llegar se la pasaron tomándonos fotos, seguramente les parecía extraño encontrarse un par de mexicanos en esa parte del mundo o les parecíamos bichos raros…
Conforme seguíamos subiendo la carretera se volvía más angosta y las curvas más pronunciadas, pero eso es lo que buscábamos, así es que no nos quejábamos, bueno solo un poco por la niebla, que de pronto llegó y no nos dejaba ver mas que unos 2 metros adelante, así que teníamos que ir más despacio, además el hielo empezaba a observarse en la orilla de la carretera y el frío se sentía hasta los huesos, pero como nosotros nacimos en el Nevado de Toluca, juntito del lago como dice José Alfredo Jiménez en su canción “Yo soy Toluqueño” (si, si existe) pues aguantábamos valientemente.
Seguimos avanzando hasta que llegamos al Paso Furka, una de las grandes atracciones de los Alpes Suizos. Donde en un mirador había una placa que decía FURKA PASS EL GRAN RECORRIDO DE SUIZA. “Felicidades, usted podrá disfrutar de impresionantes vistas a lo largo de un viaje único de descubrimiento, que abarca más de 1,600 kilómetros a través de nuestras cuatro regiones. Este variado recorrido le llevará a más de cinco espectaculares pasos alpinos, a 11 propiedades del patrimonio mundial de la UNESCO y a lo largo de 22 lagos de aguas cristalinas. desde costas de lagos palmeados a glaciares centelleantes, desde pueblos medievales hasta ciudades bulliciosas. El gran recorrido por los Alpes de Switserland con una increíble cantidad de lugares de interés en un solo recorrido. No es de extrañar que tantos viajeros de grandes viajes sean amantes de Suiza”
Las curvas tienen un efecto hipnótico cuando las ves desde arriba, como se meten en todos los rincones de las montañas en forma de escalón y te invitan a recorrerlas, cuando lo haces la sensación es magnífica, demasiado placentera, no sientes miedo, pese a saber que vas recorriendo una de las carreteras más peligrosas del mundo, por el contrario disfrutas la combinación del paisaje, la adrenalina y la felicidad que te hacen sentir más vivo, libre, en un especie de éxtasis difícil de explicar, sabes que un descuido te puede costar la vida, pero no importa; con el hecho de estar montado en la moto haciendo lo que verdaderamente disfrutas entiendes que no pasará nada, y si llegara a pasar también sabes que morirías feliz haciendo lo que te gusta, disfrutando de esa impresionante carretera.
Esas y mil ideas más pasaban por mi mente mientras planeaba como tomar cada curva, ansioso de ver como sería la que seguia, si podría voltear a ver el paisaje o había que maniobrar para salir de la curva, sentía como mariposas en el estómago, sí, estaba enamorado de esa carretera que recorríamos lentamente y que extrañamente causaba dos sensaciones opuestas: tranquilidad con adrenalina y fascinación con euforia, combinación maravillosa que nos hacía adictos, para fortuna nuestra habría muchísimos más kilómetros similares.
Metidos en el nirvana que vivíamos seguíamos curva tras curva, la moto parecía flotar sobre el asfalto, en ese momento agradecía la facilidad de manejo que tiene y lo ligera que era, así podía acostarla todo lo necesario en las curvas, al punto de que mis botas rozaban la carretera lo que me hacía recordar que íbamos en una inclinación demasiado pronunciada, pero así lo pedía la curva, así lo facilitaba la moto y así lo disfrutaba yo. Como broche de oro estaban los picos de los Alpes nevados, mejor escena no podía haber, sin duda estábamos viviendo uno de los mejores viajes de nuestras vidas…
Al llegar a la parte alta no podía faltar la parada para las fotos panorámicas, tomamos unos minutos para deleitarnos en silencio con la postal que teníamos en frente hasta que reaccionamos que teníamos que seguir nuestro camino.
Continuamos unos kilómetros más hasta llegar a un paradero que tenía un estacionamiento grande, una cafetería y venta de recuerdos, así que sin pensarlo nos detuvimos, había una gran cantidad de turistas que viajaban en autobús, carros particulares y muchas muchas motos. Justo al bajar de la moto vimos a varias persona tomando fotos de una marmota a medio estacionamiento que comía lo que le daban los turistas y se quedaba quieta como posando para las cámaras, claro también le tomamos fotos, subimos las escaleras para entrar a la tienda, bobeamos un buen rato buscando algo que representara una especie de trofeo, ya saben para alimentar el ego, después de encontrarlo y pagar salimos a una terraza que no habíamos visto, lo que encontramos nos dejó perplejos, con la boca abierta, para el lado derecho estaba el sendero que llevaba a un glaciar, al que podías llegar caminando y visitar un túnel de hielo; justo en frente de nosotros había un pequeño lago que se formaba por el agua de deshielo del glaciar y al combinarse con los minerales de las rocas tomaba un color grisáceo verdoso extrañoso, pero lo mejor de todo era el lado izquierdo con la panorámica de lo que nos faltaba recorrer del maravilloso Furka Pass, así es, aun no acabábamos de recorrerlo, ese punto fue uno de los paisajes que más nos gustaron, imaginen la escena: Montañas con pasto muy verde, la blanca nieve sobre las grises rocas que formaban el lago color extraño, las nubes que parecían pintadas a mano y que en huequitos dejaban ver un cielo azul impecable, y unos cuantos rayos de sol que eran suficientes para iluminar la maqueta mágica que nuestros ojos no creían estar viendo, hacia el horizonte la magnificencia de los Alpes que parecían no tener fin, al lado nuestro decenas de turistas con la misma expresión de incrédulos como nosotros, hacia abajo la carretera que por sus curvas parecían verdaderos escalones, que daban paso a todo tipo de vehículos, que parecían danzar al ritmo de la tranquilidad que el lugar trasmite a los viajeros. Claro fue uno de los momentos más emotivos del viaje y miren que hubo muchos.
Anonadados nos quedamos unos minutos en silencio, casi con lagrimas en los ojos de la emoción que nos invadía de estar viendo ese paisaje celestial, pero como siempre teníamos que reaccionar para seguir con nuestro camino, que prometía mantenernos igual de atónitos…
Llegamos al estacionamiento y estaba una pareja de motociclistas españoles que se acercaron a nosotros al ver que llevábamos esa moto, suponemos que ya habían visto nuestra bandera pues nos preguntaron en español sobre nuestro viaje, platicamos un poco, les pregunté que si ellos iban o venían pues los veíamos tan interesados en hablar con nosotros que supusimos que querían que siguiéramos juntos un tramo, pero lamentablemente íbamos en sentidos opuestos, así que nos despedimos y justo antes de arrancar nos dijeron tengan cuidado que al subir a Grimsel la niebla está muy cerrada y hay hielo en la carretera, agradecimos la información y nos fuimos a recorrer esas curvas que habíamos visto desde arriba como en imagen satelital, lo que causó que tuviéramos más ganas de recorrerlas…
Continuará…
Tiger, El Escribidor.
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