● FORO SPORTSTER ●
I. Expectativa
Todos tenemos una primera vez. Con el pasar de los años, los más afortunados la evocan con una sonrisa y cierta dosis de nostalgia.
Los días previos a la primera vez son todo emoción. Cuentas las horas y los minutos que faltan para el gran momento. Tratas de mantener la calma, pero al primer descuido, tu mente te lleva hasta el objeto del deseo.
Sabes que es importante. Y por más esfuerzo que haces por ser discreto, en realidad quieres que todos se enteren de tu emoción. Recreas una y mil veces sobre cómo será ese momento. Inventas diálogos y situaciones. Y en todos hay un final feliz.
La noche previa al gran momento, afinas todos los detalles. Escoges tus mejores galas. No ha sido sencillo llegar hasta aquí. Has puesto tus mejores armas al servicio del convencimiento. Una a una, las trabas son cosa del pasado.
La cita se cumple. A pesar de la aparente tranquilidad, notas cierto nerviosismo. Sus cuerpos transpiran. La respiración se acelera. Inicia el ritual. Tus manos recorren su cuerpo. Al contacto de la piel, descubres imperfecciones que solo tu intuyes y, por tanto, las valoras más por ser especialmente para ti. Por ser tuya.
Ambos se reconocen. Ambos se asombran ante estímulos que no habían experimentado juntos. Sonríen. Son cómplices. Se funden en uno solo. Nada más importa.
Pero algo anda mal. Ante la expectativa creada de un momento perfecto e irrepetible, las dudas te asaltan. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿lo estamos disfrutando? ¿es normal que sea doloroso?
Llega el desencanto. Ninguno lo dice, pero ambos reconocen que los juegos pirotécnicos no llegarán o al menos no llegarán en la forma en que lo habían imaginado.
El silencio gana la partida. Cada quien hace el recuento de sus aciertos, pero acaso más, de sus errores.
La cita concluye. Se despiden. Se prometen que la próxima vez, será mejor.
II. Realidad
En el verano de 1989, compre mi primer vehículo: una Honda silver wing de 650 cc. No tenía –y sigo sin tener-la menor idea de mecánica y motores. Tampoco experiencia sobre la conducción en dos ruedas.
Traer la moto de Laredo fue una pequeña odisea. FERRONALES la llevó a la puerta de mi casa y mis primos Humberto y Héctor se encargaron de ponerla en condiciones de rodar. Conservé la moto un par de años. Digamos que lo más lejos que salí con ella fue a las pirámides de Teotihuacán. 26 años después, con 20 kilos de más, esposa, hija y un perro, vuelvo a la carretera. Y por primera vez, como parte de un grupo.
Si has llegado hasta aquí, podrás intuir que el amor perfecto no existe y que la primera vez, dista mucho de ser un buen recuerdo, al menos en el corto plazo.
Parece sencillo. A fin de cuentas, ¿qué tan difícil puede ser compartir el camino en dos ruedas con otras personas que al parecer disfrutan los mismo que tu?. Las cosas son un poco más complicadas. Al compartir el camino, renuncias a una porción de tu individualidad. No hacerlo, pone en riesgo tu seguridad y también la de tus acompañantes.
Así, a pesar de las buenas intenciones y del deseo por querer hacer una experiencia única, lo más común es que las dudas quieran ser tu copiloto. Y que les des permiso para viajar contigo. Con esa carga, es fácil entender que la presión por hacer las cosas bien, propicia que dejes de disfrutar la delicia que implica poner tus piernas sobre la breve cintura del tanque cacahuate.
Y tú, ¿recuerdas tu primera vez?
Fin de viaje
4 casetas. 400 km. Una nueva cita en breve.
muy buen post
eso de que los dialogos imaginarios siempre salen bien es una chingoneria….. de hecho yo nunca he perdido una de esas discuciones… incluso las que tengo con mi domadora.
Gracias por compartir espero verte en la cartoniza bajio 2016 y ya con una chela en la mano platicarte mi primera vez
saludos
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