● FORO SPORTSTER ●
Dos horas y media y 177 Km después de la primer foto ofcial, estabamos en Mascota. El pueblito nos recibió amablemente con unas calles empedradas que nos recordaban a cada instante el costo de los amortiguadores; fue la parte mas sufrida del viaje, tardamos al rededor de 15 minutos en atravesar el poblado y llegar a la gasolinería donde descansaríamos un momento. Estiramos los pies, tomamos agua, algunas fotos mas, los comentarios sobre como vamos: – "Entrale sin miedo" – "No ma, casi me salgo en la curva" – "Mi llanta se fué" – "Triste Güero estas bien loco" – "Ya le traía ganas a esas curvas antes de llegar a mascota" – "Ora si me la peló esa curva" – "Viste como la Escalade no pudo seguirnos el paso" – etc, etc, etc…
Ya faltaba solo un brinquito, en menos de una hora estarías en Vallarta, y los mas padre era que las curvas serias apenas empezarían… lo de atrás fue solo el calentamiento. Tomamos de nuevo nuestros lugares en la formación y continuamos el viaje; el paisaje se tornaba cada vez mas selvático y la temperatura ya reclamaba una chela. La ruta se tornó mas divertida, con muchas mas curvas y constantes, una tras otra, izquierda derecha constante, de subida y bajada, en algunos tramos no aguantaba el paso y me rebasaron un par de veces; mis respetos para el Monky y el M-3 que saben raspar con amor a las gordas; yo sentía que el peso de la misma me sacaría de la curva en cualquier momento. Me quedo con la experiencia y con haber superado mis límites. Aún así había momentos en que el Güero agarraba vuelo y se perdía a la distancia.
Ya lo habíamos platicado con anterioridad, el problema de las gordas cuando se calientan los frenos, pero nunca me había pasado. Traíamos un buen paso, alcanzamos una camioneta que fuimos rebasando 1 por 1, toco mi turno y aceleré sin percatarme cuan cerca y cerrada era la siguiente curva; los frenos hicieron bien su labor y alcance a entrar a la curva con un trazo un poco cerrado… sentía que me ahí me quedaba a probar el suelo, pero la libré; un par de curvas mas adelante traté de entrar mas leve a la curva y pues rebusnó la burra, ¡sin freno trasero!
Instintivamene frené como trailero y con clutch, que también ya lo traía asoleado, ¡pero frené!. Unos cuantos pisotones y empezó a subir el freno, sin embargo se bajaba de nuevo. Había que dejarlo enfriar, así que el clutch y el delantero tendrían que ser suficientes. Por la obvia baja velocidad me quedo hasta atrás con el Ipod y le hago señas – "Me quedé sin freno" – "Me imaginé, vámonos relax" – "Dale"-. Y minutos mas adelante alcanzamos al Monky quien padeció lo mismo… Así bajamos tranquilamente a buen paso pero sin descuidar nuestra situación hasta el puente El Progreso; la barranca se veía impresionante, paramos al final del puente a tomar las selfies y demás fotos de la rodada, aprovechamos para dejar enfriar los frenos y poder seguir con mayor seguridad lo que faltaba, unos 40 minutos quizá.
Un último consejo del Monky – "este tramo sigue estando lleno de curvas… y de baches también" -; "Ok", pensé, un poco maltratada quizá, -"Y aguas con las piedrotas en el camino"- dice el Güero, -"Venga, pues ya estamos aquí y falta solo un tramo"-. Y solo avanzamos un par de curvas y (con perdón de la expresión) Huevos!!! Hoyos por aqui, hoyos por alla… barrancas, parecían barrancas sin puente. ¡Zaz! librabas uno y te metías al menos peor y de plano no pude evitar el que de plano me hizo decidir bajarle al acelerador, sentí como de lleno entre al bache y salté cuando salí… "que se vayan, de todos modos van a Puerto Vallarta, allá los veo". Ipod se quedó un poco atrás pero ahí venía, por momentos estaba solo en la carretera, pero aceleraba y veía al Monky, me esperaba y veía al Ipod, tons seguía a mi paso. Aquí fue donde todo empezó a pintar feo, mi gorda no había hecho panchos en todo el recorrido salvo por el calentón de los frenos, pero creo que algún bache le afectó sus sentimientos y protestó; me prendió el testigo de la batería, la carga del voltimetro cayó a 12Vcd.
Una vez que terminamos de bajar la sierra se acabaron las curvas y los tramos rectos nos permitieron avanzar mucho mas rápido y saltar sobre los topes un par de veces mas. Ya en Ixtapa habíamos retomado la formación y éramos el centro de las miradas de los lugareños; hago una señal al Monky – "Entrando a Vallarta me abro a la derecha y los alcanzo en el hotel" – "¿A donde vas?" – "por una cobija" – "jajaja", y retomé mi lugar. La entrada a Vallarta esta a la altura del aeropuerto, a la izquierda está Puerto Vallarta y a la Derecha Nuevo Vallarta, alcanzo al Monky y le hago ver que ahí me separaba un momento hacia San Juan, un pueblito pintoresco cercano a Mezcales.
17:30
Yo: Monky, por favor avisa en la recepción que si llego
Monky: Donde andas? No hay pedo no se pierde
18:15
Monky: Donde andas we
18:20
Yo: Ya casi llego, estoy buscando el hotel
Monky: Estamos comiendo en Mariscos La Tia, a unas cuadras del hotel
18:30
Yo: Va, me estoy registrando.
18:40
Monky: Ahí te vemos
18:49
Monky: Estamos en el Looby
Nos vemos en el looby, los saludos y presentaciones correspondientes, nos ponemos de acuerdo, armamos un itinerario de la estancia en el hotel y nos damos media hora para bajar a comenzar las hostilidaes.
19:43
Yo: Donde están echando trago?
Al fin nos encontramos de nuevo en la barra de la alberca listos para comenzar la fiesta, pedimos los tragos, un par de tequilas, wisky y chelas y oficialmente empiezan las hostilidades de la ¡¡¡Rodada Épica 2015 en Puerto Vallarta!!!
…
Excelente reseña rider y todo un gusto la convivencia. Me has inspirado a platicar por lo que yo pasé.
Quisiera compartirles un poco mi experiencia ya que salí un día después que los compañeros épicos y fue la experiencia más intensa que haya experimentado en una rodada.
Tenía dudas sobre asistir o no a este viaje, debatiendo sobre costos y tiempos; sin embargo con una actitud positiva había pedido permiso en mi trabajo desde inicios de octubre. El día jueves, un día antes de la salida oficial, me entero que el trabajo decide no darme el permiso para ir, a pesar de que mi trabajo está completamente terminado y paso más de la mitad del día con nada mejor que hacer que asegurarme que el reloj aun corra.
Fue en este momento cuando despierta en mí ese instinto de libertad, el que nos impulsa a subirnos a las motos y comernos el camino. Fue entonces cuando decidí que tenía que viajar. Escogiendo la opción más responsable decidí viajar en sábado, y regresar el domingo; sabía que tenía que viajar sin importar las consecuencias. El destino estaba de acuerdo conmigo pues al pedir el sábado libre, se me otorgó la ausencia justificada que pedía.
El viaje sin embargo significaba para mi más que nada y fue más intenso de lo que pudiera haber esperado por una razón que es central a todo el relato; mi novia. Pues si alguna vez mi amor no tenía otra dueña que mi moto, ahora se ve desfasado por esta persona quien me completa y se encuentra dentro de mi pensar desde el día que la vi por primera vez.
Este viaje representaba una forma de unir lo que me mueve en la vida y habiendo hecho ya un recorrido a la playa de Guayabitos un año atrás creía saber qué era lo que me esperaba, un viaje largo pero cómodo, lleno de paisajes y carretera. Vaya como estaba equivocado.
El viaje comenzó temprano, pero la brusquedad del camino no fue sutil ni por un momento. Decidiendo tomar un paisaje colorido desde el inicio decidimos partir por los altos de Jalisco hasta Guadalajara. Sin embargo estos pueblos parecen ser de alta delincuencia, pues el gobierno teme el robo de sus topes y toman la decisión de camuflarlos. Cincuenta minutos después de comenzar el viaje debemos detenernos cuando probamos que un tope le da alas a mi moto. Sin aire y con dolor en nuestro ser, descansamos para seguir adelante un par de minutos después.
El viaje hasta Guadalajara no tiene más contratiempos ni sucesos inesperados. Estamos en la salida de Guadalajara cuando decidimos parar por algo de comer. Hasta el momento, obviando el incidente del tope que quería ser rampa, ha sido un viaje placentero y con emoción por delante. Aquí es donde comienza para mí una nueva aventura, pues si en mi poco tiempo de ser motociclista he rodado hacia las hermosas playas de Guayabitos, pero lo había hecho por la autopista Guadalajara – Tepic. Este era un nuevo camino que no había conocido antes, pero no representaba para mi más que un bonito desafío, pues no veo peligro en la ruta, sino entretenimiento.
El camino sigue siendo muy agradable hasta el lindo pueblo de la Ameca. A lo lejos podemos ver las montañas tan altas como el cielo y tan azules también. Nos detenemos en una gasolinería a llenar el tanque de la moto y vaciar el nuestro. El viaje ha sido cansado, pero agradable; la carretera está en buenas condiciones, el clima soleado y fresco, el tráfico liviano y la moto estable. Ya queremos llegar. Recuerdo el recorrido que vi en el mapa y sé que se acercan curvas por montañas y bosques. Aviso en el grupo que me encuentro en Ameca y estamos cerca de llegar.
Después de subirnos de nuevo a la moto seguimos el camino. La carretera sigue una dirección recta y unos kilómetros adelante podemos ver curvas que se acercan seductoras. La carretera comienza a bailar tan sutil y gentilmente, es cómodo, y por fin se rompe el tedio de la rectitud del camino. Algo de variedad es agradable.
Curvear es un gusto de cualquier motociclista, pero es el periodo donde más concentración y habilidad demanda al conductor, y esta se multiplica cuando llevas en tu espalda a una persona quien ha puesto su seguridad y confianza en ti. Debes cumplirle y asegurarte que eres capaz de controlar los milímetros de hule que están tocando el asfalto, que las leyes de la física son tus aliadas y no tus enemigas.
Las curvas siguen apareciendo delante de mí, una tras otra. No puedo descansar, tengo que asegurarme que el camino está en buenas condiciones, que no hay arena, grava, piedras o agua; la línea amarilla que divide los carriles es caliente como lava y no debo tocarla, irradia calor y debo alejarme de ella, pues tiene con ella peligros desconocidos. El tráfico es leve, pero se ha guardado para los puntos más desafiantes. La montaña me quiere y cierra sus curvas cada vez más, la siguiente vuelta tiene menos visibilidad que la anterior y el tráfico aparece. Camionetas y carros que aparecen como fantasmas, pidiendo el camino para ellos solos, comiendo la línea amarilla que para mi significa dolor y arrepentimiento. Una y otra vez tengo que modificar mi inclinación porque mi carril se hace la mitad de pequeño cuando otro automóvil decide encontrarme en el camino. Su metal pasando a pocos centímetros de mi persona, y más importante, de la persona que amo.
Pero no puedo detenerme y descansar, debemos seguir adelante, la carretera demanda movimiento, sus orillas inhóspitas para el reposo. Seguimos adelante y dejamos atrás una montaña para encontrar otra de frente. Somos tenaces y vencemos curvas, solo para encontrarnos más montañas adelante. Este baile con la naturaleza se repite como un vals, hasta que pierdo la cuenta de cuantas curvas y montañas hemos pasado. Izquierda, derecha, arriba y abajo. Direcciones que se envían de forma aleatoria y repetida. Hasta que deja de aparecer una de ellas. Estamos subiendo una montaña, la cuesta no se detiene, pasan kilómetros y seguimos subiendo. El camino se vuelve agrietado y con baches, las curvas tienen curvas dentro de ellas, no puedo trazar una dirección con un ángulo estable, debo modificar la dirección con cada hoyo que encuentro. Miro hacia el piso más que al horizonte, pero como el malabarismo no puedo descuidar ninguno, pues siguen apareciendo peligros a cada vuelta. Han pasado más de un centenar de kilómetros desde la última vez que vi una línea recta por más de 30 metros.
La subida llega a su fin, y me encuentro con su dirección opuesta, un descenso igual de prolongado y presente como la subida lo fue. Cada peligro que logro pasar me pesan más los hombros, pues sé que se avecina otro y estoy cargando la vida de mi acompañante. Estoy cansado y ha requerido mucho esfuerzo. El paisaje podría ser aquel de fantasía y no lo habría notado, mi mente ya no disfruta el manejo, solo ve la meta donde se encuentra el descanso y la seguridad. Cada curva y montaña que paso es un alivio siendo sofocado por un golpe al ver la siguiente montaña.
Al fin llegamos a Mascota. Un pueblo pequeño y debemos llegar a la gasolinería. Estoy cansado pero no nos detenemos. Mi novia tiene una sonrisa en su cara y me abraza. Se siente cansada, desesperada y adolorida; más que yo, pero mantiene su fortaleza y decide que no perdamos tiempo en descansar y sigamos adelante.
Mascota; si alguna vez alguien tuvo una idea para mantener a las motos alejadas, fue aquel que construyo este pueblo. El lugar entero está empedrado, cada vuelta de llanta es una sacudida, y en nuestro estado es lo mismo que un golpe. No tiene final el empedrado, y para aquellos que se aventuran a pasar, Mascota los hace arrepentirse pues a sus piedras sin fin aumenta topes que golpean a la moto.
Dos kilómetros después por fin vemos la carretera lisa debajo de un letrero de despedida de Mascota, que se burla de nosotros. Tenemos que seguir, no nos detengamos, hemos pasado ya cientos de kilómetros y vemos curvas menos pronunciadas y menos montañas adelante de la llanta. Una mejoría en el camino, pensé equivocadamente.
Las curvas ya no son tan pronunciadas, pero aquí los baches han evolucionado, tan profundos que pierden su nombre y adoptan la denominación de hoyos. Tan profundos que no sé si saldría de ellos. Piedras en el camino que no ayudan a que acabe este viaje. Quiero que acabe este camino. Me arrepiento de haber traído a la persona que significa más para mi en este mundo por este recorrido traicionero. Pero no puedo mirar atrás. La rendición no es una opción. Poco a poco seguimos adelante. Sé que a ella le pesa más de lo que a mí podría. Soy fuerte y resistente. Ella es delicada y sensible. Pero cada curva, cada tope, cada bache, cada maldito pueblo empedrado, ella ha demostrado una fortaleza que no se ve en cualquier persona. Una fortaleza que solo las mujeres más tenaces han demostrado alguna vez. Me pregunta si falta mucho camino, y me duele porque sé que lo pregunta por ser fuerte su sufrimiento.
Me he equivocado, le había confirmado que el viaje no duraría más de seis horas y media, al igual que mi último viaje. He creído que Puerto Vallarta tiene un camino más corto, y llegaríamos más rápido por el camino directo. Ocho horas después de haber iniciado mi viaje me doy cuenta de mi error, y me pesa aun más. Pero no debe faltar, cada metro que avanzamos es un metro menos.
Cada letrero que pasamos veo la meta más cerca. Por fin veo el camino enderezarse y mejorarse, no más cráteres o curvas ciegas, sino camino recto y pequeñas vueltas por pueblos concurridos. Hemos vencido al camino, pero éste no acepta su derrota sin una última pelea. Nos da topes bien pintados y marcados; son solo una distracción pues mete un último reductor de velocidad invisible que nos hace despegarnos de la carretera por una pequeña fracción de segundo. Seguimos bien por suerte, las dos llantas han tocado camino de nuevo y siguen verticales. Pero el golpe a nuestro cansado ser ha sido brutal.
El aire se vuelve húmedo y vemos adelante la bienvenida a Puerto Vallarta. Al fin el descanso. Al fin llegamos a la entrada de la hacienda, descendemos de la moto y tocamos tierra después de tanto cansancio. Nos despojamos de casco y pasamontañas. Vemos el descanso al fin, solo para darnos cuenta que no hemos llegado. Estamos en la hacienda, y debemos seguir adelante hacia el hotel. Subir a la moto nunca nos había costado tanto.
Un par de kilómetros después al fin llegamos al hotel y podemos descansar. Dejamos nuestro equipaje y mi novia se toma una cerveza para relajarse. Nos encontramos con la inmensamente gratificante compañía de Ipod, M3, Monkey, Wero, Rider y su acompañante. El viaje nos ha cobrado su cuota y estamos exhaustos, pero no nos detenemos a reposar, hay que disfrutar de esta breve recompensa, pues en menos de veinticuatro horas estaremos de vuelta en el camino, que sería tan doloroso y exhausto como la llegada.
Nunca hubo alguna vez una muestra de fortaleza tan grande como la que demostró mi novia en ese viaje. Recorrer más de mil kilómetros de un camino como el de Mascota en una sportster no es algo que pueda hacer cualquier persona. Y por eso sé que no hay otra como ella y la amo con todo mi ser.
Cada día que pasa me duele menos haber tomado el viaje y me enorgullezco más de mi novia Sportster, pero no me atrevería jamás a hacerla pasar esa experiencia dos veces en la vida. Mi experiencia me hizo querer librarme de mi moto y no volver a rodar jamás, pero gracias a la excelente compañía de los Bikers Sportsters es que revivió esa brasa en que se había convertido la llama de mi pasión por rodar. Pero esa es la naturaleza de una pasión y un amor, no todo es siempre felicidad y gusto, viene con emociones negativas también, tan intensas como las positivas. El dolor es la prueba de que estás vivo y la pasión se asegura que no te arrepientas de estarlo.
El viaje de vuelta lo emprendimos también solos y, al igual, estuvo lleno de aconteceres.
EXCELENTE!!!!! Muchas Felicidades @Lonz la verdad es la narración es muy buena y la verdad es que mis respetos para tu novia aguantar tanto, es toda un biker. Sabes que de todas las experiencias buenas y malas se va formando el ser. Se ve que estas muy enamorado, y también por ello te felicito y aprovechando cito a Gandhi con esta frase "El Amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo."
En fin muchas gracias por el relato y esperamos fotos y por supuesto el video.
Gracias a todos.
Esta vez no hubo video, será para la siguiente.
Así es Animal, cada día que pasa me siento más agusto con el viaje y tengo recuerdos que me durarán mucho. Me siento orgulloso junto con mi novia de poder tener esta experiencia detrás de nuestras llantas, y puedo decir que seguiré en la moto por mucho tiempo más.
Itinerario.
Viernes 20:
Beber en la barra de la alberca
Tiempo libre
Buscar fiesta en el malecón
Sobrevivir.
Sábado 21:
Desayuno o almuerzo.
Beber en la barra de la alberca.
Tiempo libre.
Comida.
Tiempo libre.
Partido America Vs. Pumas, Beber en la barra
Partido León Vs. Dorados, Beber en la barra
Tiempo libre
Pelea Canelo Vs. Cotto, Beber en la barra.
Tiempo libre.
Domingo 21:
Desayuno.
Regreso.
Los horarios estaban parcialmente definidos, sin embargo nos adaptaríamos. Bebimos moderadamente en la barra de la alberca mientras definíamos las actividades y acordábamos a que hora nos veríamos en el looby, pues era el cumpleaños del Güero y debíamos festejar a la altura de las circunstancias; así que despues de algunos tragos bien servidos nos diespersamos para prepararnos para la fiesta.
Acicalados y con la mejor actitud nos reunimos en el looby para salir hacia el malecón y festejar al cumpleañero. En la misma formación que ya habíamos definido nos dirigimos hasta un lugar cerca de los bares mas concurridos; el sonido luego luego alertó a los turistas y oriundos del lugar quienes se acercaron a observar y tomar las respectivas fotos. Caminamos sobre el malecón buscando donde brindaríamos a la slud del Güero. La Vaquita parecia una buena opción, con sus hostes y bailarinas trepadas en el columpio, se veía muy bien la fiesta; el Mandala, mucho mas fresa no se antojaba, aunque la fiesta se veía bien, y el Zoo, aunque tenía buena mùsica, se veía un poco vacio; y así evaluábamos cada opción.
La sed se acrecentaba mientras caminabamos, por lo que pa pronto, decidimos empezar a beber en La Cervecería Unión. Enseguida ordenamos una botella de 1800 para empezar los brindis con shots de buen tequila. Un pulpo y camarones al centro (sin albur) para botanear y el clásico cotorreo y fotos con la mesera; la altura del lugar era excelente para ver a las chicas que caminaban por el malecón y programar nuestro siguiente destino. La botella se terminó y salimos del lugar decididos a buscar mas fiesta; la opción era la Vaquita, nos acercamos a la promotora del lugar, unaa chica bastante guapa, y preguntamos por los precios, había cover, negociamos con la intención de comprar botella a cambio del cover, nos contó y accedió, y justo cuando estábamos en la puerta accesando otra chica se acercó al Güero indicándole que no podrïa entrar por su vestimenta – Osea, ¿que pedo?, ¿como que no puede entrar? – Lo siento, no puede entrar sin mangas – …un par de anunciados mas y nos retiramos de ahí, nos sentimos discriminados e indignados, pero traíamos dinero y nuestra dignidad intacta. Así que seguimos adelante buscando donde seguir bebiendo hasta que sugirieron un lugar llamado "La Bodeguita del Medio"; el concepto era diferente, pero se veía bien el ambiente y nos dejaron pasar sin ningún problema. Buscamos un lugar en la terraza, pedimos de nuevo una botella de Tequila "Adulterio" (jajaja) y continuamos la fiesta con mojitos de tequila, si, ¡de tequila!.
El instinto bailador del Monky salió a relucir, el Güero se puso en modo ligador y el M-3 hablaba mas de lo normal… en fin, traiamos una buena pedita. Alrededor de las 2 de la mañana salimos de aquel lugar y aun buscábamos fiesta, regresamos a probar suerte de nuevo en la Vaquita y obtuvimos la misma respuesta, así que, de la forma mas amable, el Güero le dirigió unas palabras a los empleados del lugar y nos retiramos con dirección a donde se habían quedado las motos. Para este momento notamos el nivel de peda que traía el cumpleañero, por lo que decidimos que lo regresaríamos de pompi y después regresariamos por su moto. Monky fué el encargado de regresarlo a su habitación, ponerle la pijama y arroparlo y posteriormente regresar con Mike por la moto del Güero, ¡caray! amigos como ellos son los que valen la pena.
Sábado 21.
Todos amanecimos crudos…
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