● FORO SPORTSTER ●
Y de pronto, un año.
Sí, justo por estas fechas llegue a este foro. Bien dicen que los caminos del señor son misteriosos. Hace un año, le pedí a un amigo que pasara a recoger unas playeras que mande a hacer en un negocio que está sobre el eje 3 sur, muy cerca de la HD Bolívar.
El dueño del negocio estaba haciéndole algún arreglo a su moto. Mientras esperaba las playeras, mi amigo empezó a platicar con él y así, sin querer la cosa, el dueño le comentó sobre el foro. Mi amigo me contó los detalles y aquí estamos. No tengo idea quién sea el dueño del negocio, pero en una de esas, hasta ya me tomé una cerveza con él.
En fin, mientras averiguo la identidad del causante de que hoy esté por aquí, permítanme platicarles que para celebrar este aniversario, me organicé una salida al Bajío y sus alrededores.
Después de conseguir el permiso correspondiente y ajustar el presupuesto, la ruta elegida fue CDMX-Lagos de Moreno-Aguascalientes-Calvillo-San José de Gracia-Real de Asientos, y destino final Pinos, Zacatecas.
Salí muy temprano el sábado (por eso mi ausencia en tu festejo, Joe Joe). Decidí tomar la México-Pachuca y el Arco Norte para ahorrarme el tráfico de la salida a Querétaro y aunque es más vuelta, creo que valió la pena, pues llegue sin mayor contratiempo a San Juan del Rio. La barbacoa estaba en su punto y acompañada de un rico cafecito de olla, sirvieron de acicate para retomar la marcha.
Y en esas estaba cuando ¡zas!. Un pequeño bache un la carretera. Y luego, ¡pum! Otro. Y así hasta que conseguí que la cubierta lateral se saliera de su lugar. Afortunadamente, pude orillarme sin mayor problema y tras dos o tres buenos golpes a la cubierta rebelde, logre hacerla entrar en razón y convencerla de que o se mantenía en su sitio o se perdía el viaje. Supongo que fui muy claro en mi advertencia, porque no volvió a dar lata en todo el camino, aunque los baches siguen ahí, haciendo de las suyas.
Llegue pasado el medio día a Lagos de Moreno. Me sorprendió gratamente el respeto y la cultura vial de los automovilistas. Todos en fila, muy despacio y cediendo el paso cada que podían. La regla del “uno por uno”, se aplica a rajatabla. Tome un par de fotos que me interesaban, estiré las piernas, me reporté sin novedad ante el alto mando y continué hacia Aguascalientes.
Todo perfecto, hasta la entrada a la ciudad. Los dos carriles estaban en reparación. Y no había -o no ví- anuncio para alertar sobre el pavimento rayado. Un par de kilómetros que se me hicieron eternos hasta llegar a un entronque con su respectiva curvita. Francamente, qué bueno que el día estaba soleado, porque con lluvia, esa parte puede dar un buen disgusto a los paseantes en dos ruedas.
50 km separan a Calvillo de Aguascalientes. Se agradece que el camino esté en magníficas condiciones. Un par de camiones de redilas me recordaron una de las razones de la fama de este lugar. Iban repletos de guayabas. Por si es de su interés, en diciembre se celebra la Feria Nacional de la Guayaba. Ya saben, si hay fiesta del caballo, el mole y la enchilada, ¿porque no habría de existir una feria de la guayaba?. Faltaba más!.
Dejo para otro momento pasar a la Presa de Malpaso. La búsqueda en gogle me hacía suponer que el camino era de terracería y dado el incidente de la tapa lateral, preferí no arriesgarme. Ya será para otro día. Quizá en diciembre.
Con la ayuda de un cuate, enfilo por un camino más corto hacia San José de Gracia. El camino te lleva a una especie de malecón donde la atracción principal es embarcarte hacia un islote que custodia El Cristo Roto. El aroma a carne asada, pollo y conejo, domina los sentidos. Rico, abundante y económico. Varias calles cerradas. Al menos no se les ocurrió poner empedrado. Un mirador ofrece una vista espectacular hacia el río que corre abajo, entre los cerros.
Las últimas luces de la tarde, me sorprenden en camino hacia Real de Asientos. Me parece que esta es la parte del viaje que más disfruto. No hay nada alrededor. No hay autos, ni luces, ni ruido. Solo yo y El Cuervo. La pila del ipod se agotó algunos kilómetros atrás. El frío empieza a dar molestias. Adivino, porque no alcanzó a distinguir, cerros rocosos a ambos lados del camino que, por cierto, aunque en muy buen estado, es a mi gusto demasiado angosto. No es muy noche, pero la prudencia me dice que vale más quedarme por aquí, que arriesgarme a seguir el itinerario original. Así que después de sortear algunas curvas, busco alojamiento.
Esto supone un problema, pues no tuve la precaución de tener un plan b para quedarme en este pueblo minero. Lo más significativo que encuentro en internet dice “El hospedaje en Real de Asientos, es bueno digamos que si te gustan las ondas ecoturísticas, ahí encontrarás algo muy adhoc para todo tipo de presupuesto, aunque la mayoría solo van de paso”. Para que tengan una idea, pague por el hospedaje menos de lo que Pato da de propina en esos lugares non sanctos que frecuenta.
Cansado, con frío y con ganas de un buen baño, le pregunto al encargado sobre el agua caliente. Su respuesta no presagia nada bueno, “bueno, tenemos calentador solar”. Supongo que en razón de que ya era de noche, el agua estaba tan fría como el infierno.
Por cierto, eso me recuerda que tengo que ir por un XL3 o por un buen tequila para alivianarme y continuar con la reseña. ¿ustedes gustan?
Fin de viaje.
Pd, Servido, Miquel.
Esas zonas son el infierno para la moto.
Ahí varios han perdido y no sólo las refacciones :p
La feria de la guayaba suena bien, los que bajen del norte podrán contarnos sus experiencias (lo siento…no resistí).
Ya en serio, en Lagos hay unos vatos bien chidos, Los Renos…esos brothers se la saben customizando…
Gracias por las imágenes.
Como decíamos ayer –frase que se atribuye a Unamuno, parafraseando a otro personaje una vez que retomó su puesto después de 5 años de ausencia- si el agua estaba fría en la noche, a las seis de la mañana estaba a punto de hielo. Así que con todo el dolor de mi corazón aplique unas cuantas gotas alrededor de mi cuerpo y me dispuse a continuar con la travesía.
Según gogle, hay 80 km entre Pinos y Real de Asientos. Casi todos son rectas que atraviesan parajes áridos. Creo que a fin de cuentas valió la pena empezar esta parte del camino a primera hora de la mañana, pues tuve la oportunidad de disfrutar postales dignas de cualquier película del viejo oeste y un amanecer espectacular.
El frio se dejaba vencer, aunque de tanto en tanto, se presentaban ráfagas de viento que hacían notoria su presencia. No hay o no ví muchos señalamientos para llegar a Pinos. Acaso algún anuncio llamó mi atención: “Visite Pinos, el lugar que el pasado eligió para quedarse”
Con esa publicidad, llegue pasadas las 8 am. No ví ningún pino, pero sí a los comerciantes que en domingo cierran las calles que confluyen en el zócalo de la población. Amables, me brindaron su apoyo para pasar en medio de las mercancías.
Prevalece en las fachadas de las casas un azul/gris que contrasta con el contorno blanco de puertas y ventas. Bonito. El sol pega fuerte, pero no calienta.
El regreso hacia el sur te sorprende con un cambio de escenario. Digamos que hay campos de labranza y así lo atestiguan los dos o tres tractores que me encontré en el camino. Escala técnica en Ojuelos -50 km al sur de Pinos- y de ahí rumbo a Lagos de Moreno.
Desayuné antes de llegar a Lagos de Moreno, en un lugar que se llama Paso de Cuarenta. La especialidad son unas gorditas, como las del Negrito, en Peña de Bernal. Muy ricas. Del comal a tu plato.
De ahí no hubo mayor contratiempo hasta llegar a León, donde francamente, me perdí. Después de preguntar a un par de taxistas, enfilé hacia Salamanca, en donde, por considerarlo más seguro, preferí tomar vereda como dice la canción y me fui hacia la CDMX vía Morelia. Pero como dice el clásico, esa es otra historia.
Fin de viaje
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