● FORO SPORTSTER ●
Día 5 Creel-Batopilas, Chihuahua.
"La moto se convierte en doble propósito para llegar a la parte más baja donde se termina la Sierra Tarahumara"…
Nos levantamos más emocionados que otros días, era muy especial, cruzaríamos la carretera que en gran parte nos había hecho decidir este viaje, cargamos todo en la moto y fuimos a desayunar. Terminamos y tomamos camino rumbo a Creel, disfrutamos nuevamente kilometro a kilometro el trayecto que no dejaba de maravillarnos, -siempre se disfruta de manera diferente la ida de la venida- pensé. Llegamos a Creel a la única gasolinera en muchos kilómetros a la redonda, llenamos tanque y en eso, llegó la persona que nos había contactado con el dueño de las cabañas del día anterior y nos pidió nuestra opinión del lugar, le platicamos brevemente y le agradecimos la atención, nos preguntó que hacia dónde íbamos ahora, al mencionarle que nos dirigíamos a Batopilas rápidamente nos dijo que su amigo quien lo acompañaba tenía un hotel allá, nos describieron el lugar nos ofreció una muy buena tarifa y su comentario en general fue: -En Batopilas solo hay 3 Hoteles en el centro, pero en la noche no se puede dormir bien, es que llegan los de un cartel y andan tomando en sus camionetas con música a todo volumen y uno no descansa, pero no se preocupen a ustedes no les van hacer nada, es más, si necesitan cualquier cosa ellos los van ayudar, mi hotel está en la entrada a un lado del río y está muy bonito-. Algo de la plática nos hizo entender que también era dueño del hotel donde nos hospedamos en Creel; con lo que nos comentó nos dio la confianza suficiente y aceptamos que nos hiciera la reservación. -Van a disfrutar mucho esa carretera en la moto- nos dijo al final.
Tomamos carretera con más emoción, inmediatamente el paisaje fascinante apareció frente a nosotros, un río, formaciones rocosas muy peculiares, la carretera en buen estado, la vegetación, fauna silvestre, paisajes únicos a cada curva, todos los elementos que hacen una rodada mágica.
Continuamos y cada vez eran menos los vehículos que encontrábamos en el camino, lo que permitía ir más relajado disfrutando el recorrido, seguramente con la boca abierta, es difícil describir la sensación placentera al estar en medio de la sierra, y con las fotos se podrán dar una idea, lástima que las cámaras no captan la esencia del momento, así que tendrán que ir personalmente a ver esos lugares…
Llegamos a una desviación y la carretera se redujo aún más, sobre ella era muy común encontrar a familias rarámuris caminando a la orilla y portando sus vestimentas tradicionales, nosotros seguíamos ansiosos de llegar a las curvas prometidas, encontramos un paradero y no dejamos pasar la oportunidad de detenernos para tomar esas fotografías que parecen postales; estas paradas se volvieron constantes, incluso algunas veces nos detuvimos en las curvas, pues la vista te obliga a permanecer unos minutos disfrutándola; muy a nuestro pesar alguno de los dos reaccionaba y decía que teníamos que continuar, así lo hacíamos, empezaron las bajadas un tanto pronunciadas hasta que una curva de manera abrupta nos abrió un paisaje majestuoso, que indicó que llegamos al lugar causante de ese magnetismo, que nos atrapo al verlo en una imagen, y que nos obligaba a rodar hacia él; al fin estábamos ahí, nos detuvimos inmediatamente, frente a nosotros, estaba esa mezcla espiritual que fascina a los motociclistas, la fusión maravillosa de la carretera en medio de la montaña; que a lo lejos se ve como serpentea una al lado de la otra, como si fueran ondas hipnóticas. Estábamos parados a la orilla del desfiladero y se veía una pendiente muy pronunciada con curvas muy cerradas, pero que te invitan a recorrerlas; cautivados y con la adrenalina al cien, nos subimos a la moto avanzando cuesta abajo, tal vez íbamos a unos 30 km/h, así que disfrutamos metro a metro ese lugar. Con toda la calma del mundo recorrimos la pendiente, casi extasiados llegamos a la parte más baja, donde la carretera continua a lo largo de una cuenca que forman, los cerros y el río, hasta llegar a Batopilas.
Llegamos al hotel y efectivamente estaba muy bonito, realmente era una hacienda que está muy cerca del río, solo se interpone la carretera en medio; nos entregaron la habitación que desbordaba detalles lujosos de muy buen gusto con un estilo campirano, éramos los únicos huéspedes, fuimos al centro del poblado a comer al único restaurante que estaba abierto, un verdadero manjar los camarones que pedimos; mientras comíamos, Moni me comentó que había visto que ya no continuaba la carretera para ningún lado, y según el mapa esa carretera continuaba hasta El Fuerte en Sinaloa, que es a donde pensábamos seguir. Para salir de la duda le preguntamos a la dueña del lugar y nos comentó que efectivamente no había carretera, solo un camino de terracería y se tardaba uno 5 horas aproximadamente. Sorprendidos platicamos que no era buena idea entrar con la moto a un camino así, por lo que decidimos regresar hasta Creel y tomar la carretera que nos llevaría a Hermosillo. Al terminar de comer fuimos a visitar una misión que está en la parte más baja de toda la sierra tarahumara muy cerca del río, a 25 minutos en terracería, aquí fue donde la Heroica se convirtió en todo terreno, y sin ningún problema llegamos a nuestro destino.
La misión está en una comunidad muy pequeña, al entrar encontramos algo diferente, no recibe mantenimiento y eso la hace única, pues la puerta, el pulpito y el altar están tal y como las ha deteriorado el paso del tiempo, pese a ser uno de los días principales de la Semana Santa no había preparativos ni nada al respecto, nuestra conclusión fue que en esa parte la evangelización no tuvo mucho éxito, los Rarámuri son la cultura que más se resistió a la conquista.
Regresamos al Pueblo no sin antes tomar la foto de la 883 junto al río, nos sentamos un momento en la plaza principal y si se percibía una ambiente extraño, gente cheleando en las calles, no había policías, casi todos los vehículos sin placas, muchas camionetas recientemente chocadas, una Hummer con plataforma de carga, sin puertas, y cosas por el estilo que son poco comunes. Ya casi oscurecía y decidimos irnos a descansar, llegamos al hotel y no había nadie, tampoco había luz, ni señal de celular, nos sentamos en una banca, para disfrutar el paisaje que estaba frente a nosotros, las camionetas misteriosas empezaban a pasar de ida y vuelta como patrullando, pese a que un pelotón del ejército había llegado ese mismo día y montaron un campamento junto al río cerca del hotel. Solo observaban pero no pasaba de eso, después de un rato llegó Mari, la encargada del hotel, es de origen rarámuri; nos pusimos a platicar con ella, sobre su cultura, nos contó su historia y dimos gusto a nuestra curiosidad, pues amablemente nos contestaba todo lo que le preguntábamos. Nos dio unas velas, pues no sabía si llegaría la luz esa noche, nos despedimos y nos fuimos a dormir.
Continuará…
El Escribidor
Día 6 Batopilas-Yepachi, Chihuahua.
9 horas de curvas para salir de la sierra y Chihuahua no se acaba… -La sportster es mi moto favorita.
Durante la noche anterior habíamos platicado sobre el cambio de planes del recorrido, acordamos tratar de llegar a Hermosillo ese día, fuimos nuevamente al centro a desayunar al mismo lugar, regresamos al hotel por el equipaje y partimos, no pudimos dejar de emocionarnos pues íbamos a repetir aquellas curvas que nos habían fascinado; con el mismo placer recorrimos la carretera, los paisajes siempre son diferentes cuando manejas en la otra dirección, así que tuvimos que detenernos nuevamente muchas veces para disfrutar el paisaje, continuamos nuestro camino y de pronto la majestuosidad de la sierra nos obligó a detenernos en un paradero que nos ofrecía una vista casi excepcional, esta vez le toco posar a la 883, la paramos cerca de la orilla y a manera de homenaje le hicimos toda una sesión de fotos con la majestuosa sierra Tarahumara como fondo.
Seguimos nuestro recorrido, satisfechos de observar la panorámica, nos enfocamos a disfrutar de la carretera, sentí como si la misma moto me pedía aumentar la velocidad poco a poco tomamos las curvas más rápido, nos íbamos acostando más y más, la heroica parecía disfrutarlo también, respondía bastante bien; frenar un poco antes de la curva, inclinar la moto lo necesario, acelerar al salir de la curva, se volvió la fórmula, parecía una danza motorizada, en la que participábamos alegremente la heroica 883, la copiloto, el piloto e incluso el equipaje que parecía excesivo. No es presunción, pero gozamos esta emoción por 9 horas, bueno lo acepto si es presunción jajaja.
Ya estaba atardeciendo y nos detuvimos a cargar gasolina en un lugar llamado Cahuisori, el chico que nos despachó que por cierto tenía una playera de Harley, nos preguntó emocionado de donde veníamos y hacía dónde íbamos, le respondimos que pretendíamos llegar lo más cerca posible a Hermosillo, se quedó pensando un momento… -les aconsejo que no pasen de noche por Maicoba porque es peligroso, si avanzan unas 2 horas más encontrarán el siguiente poblado, ahí hay un hotel donde pueden quedarse y mañana ya siguen su camino- . Le agradecimos la información y continuamos, las curvas continuaron y aparecieron baches en la carretera, camiones de carga que transportan material de todas las minas que hay en esa zona, así que tuvimos que bajar un poco la velocidad, un tope en la carretera nos obligó a detenernos vimos unas cuantas casas y nos volteamos a ver, para preguntarnos casi al mismo tiempo si ahí sería el poblado donde deberíamos quedarnos, avanzamos lentamente buscando el hotel pero no lo veíamos, preguntamos a unas señoras el nombre del lugar y si por el siguiente pueblo no era seguro pasar de noche, la respuesta fue afirmativa, -Si mejor quédense aquí, el hotel está de este lado- respondieron, a otro señor le preguntamos si había algún lugar para comer y dijo que atrás había un hotel que tenía restaurante, nos regresamos a buscarlo pero no lo veíamos, preguntamos nuevamente y nos dijeron ahí está adelantito dónde están esas señoras, pero nosotros no veíamos ningún letrero, solo vimos que llegaron varias camionetas que nos pusieron un tanto alerta, volvimos a preguntar ahora a esas señoras y nos dijeron -es ahí en frente-, volteamos a ver el lugar y no parecía hotel , -pero no se queden ahí, más adelante hay otros dos hoteles mejor quédense allá- dijeron con cara de angustia, entendimos el mensaje y nos fuimos, para esto ya se había acabado al luz del día; vimos un hotelito que tenía estacionamiento y nos metimos, no había nadie a la vista, tocamos en la recepción y la puerta se entre abrió, una señora asomó solo media cara y nos preguntó que queríamos, -una habitación- respondimos, saco su brazo con una llave en la mano y nos la dio, -es aquella ahorita les prenden el boiler-, y cerró la puerta inmediatamente; salimos caminando a buscar algo de cenar, a un lado había un restaurante pequeño, éramos los únicos en la calle. Todo este contexto nos preocupó un poco, pero también pensamos que si fuera un lugar peligroso ya hubiera pasado algo, afortunadamente no pasó nada; mientras cenamos platicamos sobre lo orgullosos que estábamos de la moto, su desempeño, su manejo y la comodidad con la que íbamos haciendo el viaje gracias a los amortiguadores de aire, lo satisfechos que estábamos de haberla comprado hace unos once años y con la firme idea de que la sportster es nuestra moto favorita, nos fuimos a dormir.
Continuará…
El Escribidor
Día 7 Yepachi-Caborca, Sonora.
Nos levantamos temprano, vimos que la moto estaba completa, hicimos el ritual de salida y tomamos camino; la carretera estaba casi sola, avanzamos unos 30 minutos y entramos a Sonora, la Sierra continuaba aún; las curvas seguían en unos tramos más pronunciadas que en otros, nosotros tan frescos como la mañana avanzábamos a muy buena velocidad, llegó el momento de pasar por Maicoba, “el poblado que no se debe de cruzar de noche”, los topes del camino nos hicieron detenernos, había poco movimiento, algunas cuantas personas en pequeños grupos, por si las dudas no nos detuvimos ni volteamos a ver mucho, nos fuimos de ahí tal como llegamos sin mayor problema, avanzamos unos kilómetros más; la vegetación y el paisaje empezaba a cambiar de serrano a semidesértico, hora y media después de haber salido del hotel encontramos un restaurant, en una cabañita de madera que era un paradero de traileros y nos detuvimos a desayunar, aah!!! que buen desayuno nos echamos con tortillas de harina hechas a mano; cargamos gasolina y seguimos nuestro camino que ahora estaba marcado por señalamientos que indicaban que estábamos recorriendo la Ruta de la Sierra.
Llegamos a Hermosillo, ya habíamos dejado atrás a la Sierra Madre Occidental y nos seguimos de largo, empezaron las planicies nuevamente, con ellas las rectas donde le dimos gusto nuevamente al acelerador, el camino en buen estado y no había federales, vimos varios viñedos sobre la carretera, y poco a poco la transición del paisaje terminó, presentándonos una zona desértica, donde la carreta contrastaba con el cielo despejado y de color azul intenso. La sensación de manejar en el desierto era nueva para nosotros, nunca habíamos tenido la oportunidad de rodar con este panorama, así que lo disfrutamos mucho, emocionados continuamos nuestro recorrido hasta llegar a Caborca, buscamos hospedaje, encontramos un hotel en el que podías estacionar tu vehículo justo frente a tu habitación, salimos a caminar por el centro del poblado que era muy al estilo de los condados gringos, pero con ese toque mexicano; no había mucho que ver en realidad, buscamos algo de cenar y nos fuimos al hotel a descansar, pero para nuestra sorpresa eso no sería posible, resulta que allá tienen la bonita tradición de no ir a echar alcohol a los bares, sino, que rentan una habitación entre todos, llevan sus chelas, ponen la música en su troca y ahí arman la fiesta, esto se repetía en varias habitaciones y para todos parecía muy normal excepto para nosotros que queríamos dormir. La fiesta de la habitación de al lado se prolongó hasta la madrugada, el cansancio nos venció y caímos dormidos, pero tranquilos pues sabíamos que por la mañana siguiente cobraríamos venganza.
Continuará…
El Escribidor
Día 8 Caborca-Mexicali Baja California
Y que Cruzamos el desierto de Sonora
Venganza dulce venganza; nos levantamos y montamos el equipaje, empuje la moto para acomodarla de forma que el escape que es abierto, apuntara directo a la ventana de los vecinos que habían tenido fiesta y con una sonrisa maquiavélica encendí el motor, la dejé que se calentara un poco y le di unos acelerones, nada más para que retumbaran un poco los vidrios.
Recorrimos el poblado hacia la salida, buscando donde desayunar pero no había nada abierto, llegamos a una gasolinera para abastecernos, ahí mismo tomamos un café y un panecillo, salimos a carretera con la firme intención de llegar temprano a Puerto Peñasco y disfrutar de un día de playa para descansar un poco. En menos de 2 horas llegamos a nuestro destino, pensamos que iba haber mucha gente, pues era viernes de semana santa, pero nunca nos imaginamos que estaría tan lleno que no encontraríamos hospedaje en ningún lado, cerca de dos horas buscamos en todos los hoteles sin tener éxito, hoteles caros, económicos nada disponible; solo había mucho tráfico por todos lados, una gringa que iba en una cuatrimoto al lado contrario del nuestro, nos decía que era mejor caminar, pues estaba desesperada de no poder avanzar igual que nosotros, le dijimos que estábamos de acuerdo con ella y seguimos formados. Almorzamos unos deliciosos tacos de pescado y camarón; mientras eso ocurría decidimos que tendríamos que irnos de ahí, El Golfo de Santa Clara era la siguiente opción, así que tomamos esa dirección, jamás nos imaginamos lo que nos esperaba más adelante, el paisaje se cubría de arena y la vegetación casi era nula, vimos un letrero que decía “PRECAUCIÓN TORMENTAS DE ARENA” y casi al momento sentimos en la cara una salpicada de arena que si dolía; sobre el asfalto también había arena y eso parecía peligroso, así que bajamos la velocidad, además de que queríamos deleitarnos con la fascinación del paisaje desértico, sí, solo se ve arena por todos lados, pero es majestuoso y más aún cuando de un costado de la carretera ves la inmensidad del desierto y del otro la belleza de la costa; cuando creíamos haber visto todo, encontramos un paradero donde también era obligatorio detenerse, pues estaba justo al lado de las dunas, así que sin pensarlo nos detuvimos a tomar unas fotos y caminar un poco sobre la arena, sí lo sé, solo era arena, pero era la primera vez que cruzábamos el desierto de Altar en moto, así que había que disfrutarlo como enanos.
Seguimos nuestro camino y sobre la marcha decidimos continuar hasta Mexicali, pues consideramos que ya no disfrutaríamos todo el día en la playa como lo habíamos pensado, así que tomamos carretera y en unas horas llegamos a San Luis Rio Colorado, que resultó ser un lugar diferente a como lo esperábamos, lo primero que nos sorprendió es que no hay señalamientos y que la gasolina costaba algo así como 8.87 pesos por litro, y no sabía si reír o llorar, nos detuvimos a comer en un lugar que estaba a una cuadra de la frontera que está marcada con un muro de grandes láminas metálicas, cosa que nos daba una sensación extraña, ya saben esas ideas existencialistas surgen al ver ese paisaje extraño para nosotros; después seguimos nuestro camino, por la tarde llegamos a Mexicali nos hospedamos cerca del paso fronterizo, salimos a recorrer el centro de la ciudad cenamos y nos fuimos a descansar.
Continuará…
El Escribidor
Día 9 Mexicali-San Quintín BCS
"Le bríncanos a la otra California"
Nos levantamos temprano, desayunamos, dejamos el equipaje en el hotel y nos fuimos a formar a la frontera para cruzar a Calexico en California; habría unos 30 carros delante de nosotros, mientras esperábamos un señor nos dijo -las motos no se tienen que formar, allá adelante hay un carril exclusivo para ustedes-, aaah!! pues que buena onda pensé, y hacia allá nos dirigimos, solo había una bmw que ya iba de salida, casi de inmediato nos tocó pasar, y así en menos de 5 min, ya estábamos del lado gringo, acordamos que en un máximo de dos hora tendríamos que estar de regreso, así que hicimos compras express; mientras estábamos en el estacionamiento quitando etiquetas y guardando el nuevo equipaje, se acercó a nosotros un señor para preguntarnos que si de verdad íbamos desde el Estado de México, -Así es- le respondimos, se emocionó y nos empezó a contar que él también era motociclista, que vivía en Mexicali, qué para donde íbamos, que nos recomendaba una carretera escénica que hay de Calexico a Tecatito que estaba muy padre, -Todo mundo cree que aquí en California hay puro desierto, pero verán que no, esa carretera vale mucho la pena recorrerla-; agradecimos la información, nos despedimos y por un momento consideramos ir por ese camino, pero como habíamos dejado el equipaje en el hotel teníamos que regresar por él, así que pensamos en que será para otra ocasión.
Cruzamos la frontera de regreso, con la suerte de que el semáforo de la aduana nos tocó verde, regresamos rápido y felices con nuestras compras, que por cierto incluía una mochila para guardar el equipaje extra que ahora llevábamos. Amarramos todo y tomamos camino, pocos kilómetros adelante en una recta empezamos a ver letreros de que nos advertían “CON TORMENTA DE ARENA MANEJE CON PRECAUCIÓN”; había mucho tráfico, pero avanzaba bien pues la carretera era de cuatro carriles y estaba en buenas condiciones, de momento se aparecía ante nosotros un sistema montañoso muy peculiar, y con mucho agrado saludamos a la Sierra de la Rumorosa, alegremente empezamos a subir, íbamos despacio para disfrutar el paisaje sui generis que ofrece esa maravilla de la naturaleza, pero las curvas también tienen lo suyo, hay varios miradores con amplio estacionamiento para que los viajeros se paren a disfrutar el paisaje. Más adelante vimos un letrero, que informaba que se estaba viajando por la autopista más barata de todo México, y efectivamente así es.
Seguimos avanzando y de momento, nos encontramos nuevamente con la vaya de láminas gigantes que marcan la frontera con la otra California, no deja de representar en mí, un sentimiento difícil de explicar el ver esa división. Habíamos pensado que llegando a Tecate tomaríamos la carretera que va para Ensenada, pero justo 10 metros antes de tomar esa desviación, Moni me toca el hombro y me grita –Vámonos hasta Tijuana- yo tan obediente que soy le hice caso y hasta allá fuimos a dar. El trafico estaba terrible cuando entramos a la ciudad, pero la cruzamos para llegar a tomar la carretera escénica que pasa por toda la costa, fascinados con el paisaje avanzamos lentamente, desde que tomamos ese camino hasta delante de Rosarito donde nos paramos a comer. El restaurante tenía una terraza que daba a la playa, y pese que hacía frío, nos fuimos a sentar ahí, no podíamos dejar pasar la oportunidad de ver el Pacífico desde ese punto; la comida muy buena; de pronto llegó el dueño del lugar que era un gringo, nos comentó que él también era motociclista, que tenía una Road King y que por eso estaba medio sordo. Nuevamente tomamos camino, llegamos a Ensenada y al salir de ahí la carretera se reducía a un carril en cada sentido, cruzamos varios poblados pero fue caótico, pues había muchas señales de Stop para las cuatro esquinas, creo que estaban mal ubicadas y eso hacía peligrosos los cruceros, además de mucha tierra suelta en la carretera, a eso había que sumarle que una fila inmensa de gringos iban de regreso, pues se había terminado la carrera de la baja 500, así como las vacaciones y ya se imaginarán, era un desfile interminable de casas rodantes, de vehículos 4×4, camionetas con plataformas que llevaban todo tipo de vehículos que habían participado en la carrera; así que había que cuidarse también de los desesperados que querían rebasar a toda costa.
Seguimos avanzando, la carretera seguía al lado de la costa, el viento nos pegaba fuerte, una cortina de nubes nos amenazaba, pero se fue para que el atardecer nos acompañara un rato, y cuando la luz del sol se acabó, empezó a sentirse mucha arena que nos pegaba en la cara, bajé la careta del casco pero ya tenía esa capa que se le hace cuando le pega mucho tiempo la brisa del mar, me quite los lentes obscuros y la arena no me dejaba ver, cruzamos varios poblados con muchos topes sin señalamiento y decidimos descansar en un hotel que encontramos muy cerca de San Quintín. Fuimos a cenar y le preguntamos al mesero si había gasolineras de camino a Guerrero negro, nos comentó que él no sabía, pero su compañero era de La Paz y conocía bien el camino, lo llamó y nos dijo que teníamos que llevar gasolina extra, porque no había nada en el camino, que eran como seis horas de camino, le agradecimos y nos fuimos a descansar.
Continuará…
El Escribidor
13
3
1 Guest(s)







