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Reseña del viaje Vagando ando… Andanzas de Tiger y Moni por el Noroeste.
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April 7, 2016 – 3:18 am
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Reseña del viaje Vagando ando… Andanzas de Tiger y Moni por el Noroeste.

Por segunda ocasión Moni y yo planeábamos ir a Tennessee a recorrer la Cola del Dragón, pero al mismo tiempo le habíamos echado el ojo a la carretera que va de Creel a Batopilas en Chihuahua y seguir al noreste para recorrer la península de Baja California para llegar a los Cabos. Se acercaba el día de salida y aún no decidíamos el destino, la espinita que se nos quedó hace un año de la cola del dragón nos seguía picando, entonces decidimos dejar que el destino lo decidiera, si el clima mejoraba en Estados Unidos jalábamos para allá, sino, pues la península sería el rumbo.
Después de un seguimiento extenuante al Weather Channel y al Weather Prediction Center, vimos que había inundaciones por esos rumbos y se esperaban lluvias fuertes nos hizo pensarlo y fue un día antes de partir cuando tomamos la decisión; nuevamente las condiciones climáticas no nos lo permitieron, la cola del dragón tendrá que esperar, pero de muy buena gana tomamos carretera al día siguiente:

Día 1 Toluca-Zacatecas
La carrera contra el gran remolino…

Salimos temprano después de acomodar el equipaje, la herramienta que acostumbramos llevar y ponernos el equipo de seguridad; la carretera estaba muy tranquila para ser sábado e inicio de vacaciones, al cruzar el tramo de Acambay a Polotitlán notamos que las balatas traseras empezaban a sonar con un roce extraño, las había checado en la revisión previa a la salida y parecían estar bien, pero cuando nos paramos a revisar el ruido, vimos que la balata interna se había desgastado muy rápido y de forma anormal, más de la parte delantera; por lo que decidimos pasar a la Harley de Querétaro a comprarlas para cambiarlas más adelante y así lo hicimos.
Después de la compra tomamos nuevamente carretera y seguimos nuestro camino, llegamos a San Luis Potosí, nos paramos a comer, cargamos gasolina y continuamos; extrañamente no había Federales en la carretera, el asfalto estaba en buen estado y no había mucho tráfico; entonces aprovechamos para acelerarle un poco en esas rectas para ganar algo de tiempo, avanzamos bastante bien disfrutando el paisaje que ofrecen los cerros raros de Zacatecas esos que se ven planos de la parte de arriba (mesetas), y es muy común en esa parte del camino ver grandes remolinos en la planicie que se forman contrastando con los cerros.
De pronto, vimos al frente un remolino más grande que los que habíamos visto anteriormente, se dirigía hacia la carretera y amenazaba con encontrarnos en un punto de la misma, así que pensé en esperarme a que pasara, pero luego dije: -creo que me está retando, así que ¿por qué no? que tal unas carreritas, haber quien pasa primero y mi puño derecho automáticamente jaló el acelerador a fondo, la heroica 883 inmediatamente reaccionó y se sintió un jalón de esos que agradan a los motociclistas; Moni me abrazo entendiendo de que se trataba el asunto y la carrera inició, vista al frente concentrado en la carretera y de reojo viendo al oponente, parecía que el remolino aceleraba para ganar y de pronto frenaba un poco como buscando un final de fotografía, no tuve tiempo de ver el velocímetro, pero sabía que íbamos a todo lo que el motor daba, el final se aproximaba, parecía inminente el encuentro y de pronto, como por arte de magia unos metros antes de cruzar la carretera el gran remolino se desintegró… así que nunca sabremos quién iba a ganar; después de esa descarga de adrenalina continuamos hasta llegar a la ciudad de Zacatecas aún con luz de día; nos dirigimos al centro de la ciudad a buscar hospedaje y en cuanto nos bajamos de la moto frente a un hotel empezó a escucharse la marcha de Zacatecas, yo pensé aah!! mira que bien así reciben a todos los visitantes, pero no; era un desfile que iba iniciando en ese momento ya que era el festival cultural en la ciudad, así que disfrutamos de un concierto de rock en una de las plazuelas hidratándonos con una cerveza, cenamos y nos fuimos a descansar.

Continuara…

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April 7, 2016 – 3:13 pm
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que buen comienzo…

hasta sentí la adrenalina,  haces que se emocione uno…..

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April 7, 2016 – 3:51 pm
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Muy bien.

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April 7, 2016 – 4:19 pm
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La Heroica, Uno de los mejores nombres de moto que eh escuchado.

venga con más. esperando el Ep.02

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April 7, 2016 – 4:40 pm
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Como siempre un placer, leer las crónicas de Tiger, que gusto que están de vuelta en casa y con bien, esperamos seguir leyendo el resto del viaje y nos vemos en la cartoniza.

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April 7, 2016 – 4:58 pm
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Excelente, ya fui por la palomitas para leer las siguientes

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April 7, 2016 – 5:07 pm
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Bien ahi…

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April 8, 2016 – 3:32 am
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Día 2  Zacatecas-El Parral, Chihuahua.
Esquivando baches gigantes durante unos 50 km…

Nos levantamos temprano, desayunamos, revisamos como estaban las balatas y vimos que si aguantaban un día más, así que iniciamos todo el ritual de salida: Primer viaje, de la habitación a la moto para guardar la herramienta, segundo viaje para llevar la maleta grande y amarrarla en la parrilla porta equipaje, entregar habitación, ponerse el equipo de seguridad y tomar carretera para el siguiente destino.

Salimos de Zacatecas despidiéndonos de la ciudad, que aún no tenía mucho movimiento por la hora, tomamos la carretera que lleva a Chihuahua, cerca de Fresnillo pasamos junto a la planta de la cerveza Corona; por un momento mi mente se perdió, pensando en que tendría que hacer para que me permitieran disponer por unas horas de sus contenedores jajaja, después vimos un letrero que indicaba el kilometraje que faltaba para llegar a Chihuahua -772 km-, era similar al que tendríamos que recorrer para llegar a nuestro destino y pensé -mmm ¡¡si nos lo echamos!!-.
Todo iba muy bien, hasta que pasamos cerca de Río Grande, donde la carretera -que es libre- parecía una zona de bombardeo, había unos baches del tamaño de la moto, los autos que venían en contraflujo invadían nuestro carril para librar los baches del suyo y varias veces tuvimos que salirnos al acotamiento para evitar que nos chocaran de frente, por supuesto cada una de esas ocasiones se llevaron su respectiva mentada jajaja; las maniobras para evitar los baches y fallas geológicas seguían, no siempre pudimos evitarlos y varias veces caímos en ellos, esto continuó a lo largo de unos 50 km más o menos; la carretera seguía sin la presencia de Federales pero no servía de mucho, con las malas condiciones del camino no podíamos ir a más de unos 80km/h; después de seguir votando y votando, vimos un letrero que anunciaba el inicio de la autopista a Torreón y nos alegramos de ello, nos paramos en la primer caseta para descansar un poco y tratar de acomodarnos la columna, seguimos y en poco tiempo llegamos a Gómez Palacio.
Nuestro camino continúo, pasamos a un costado de la Reserva de la biosfera de Mapimí y nos quedamos con la ganas de internarnos un poco, -Será en otra ocasión pensé-, la autopista estaba en buenas condiciones y ya teníamos hambre, así que aceleramos para llegar lo antes posible a Jiménez, ahí comimos y seguimos hacia El Parral, a partir de ahí encontramos una recta de unos 80 km, sin Federales y poco trafico… -así es, adivinaron-, nuevamente el acelerador a fondo y en  unos 35 minutos estábamos en la entrada de El Parral, Chihuahua. Un lugar muy pintoresco, de esos pueblos que tienen un no sé qué… que qué se yo, buscamos hospedaje.
Al bajar el equipaje de la moto, nos dimos cuenta había una ligera fuga de aceite en el retén de la barra derecha de la suspensión delantera que seguramente se había dañado al caer en uno de los mil baches de la carretera bombardeada, pero en esa situación no teníamos más opción que continuar así el viaje, esperando que el otro reten hiciera el trabajo de toda la suspensión; Salimos a caminar en el centro, cenamos y nos fuimos a descansar.

Continuará…

El Escribidor

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April 8, 2016 – 7:44 am
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Yeah!!! Muy buena crónica, sígale mi Escribidor, jejeje

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April 9, 2016 – 1:07 am
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Correctisimo mi escribidor sigo muy atento a tu relato y reseña ,  Saludos a la Heroica, y por supuesto a Moni tu compañera de batallas

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April 9, 2016 – 2:57 am
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Soy tu fans @Tiger a la espera de las demás partes de la reseña, saludos

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April 10, 2016 – 2:19 pm
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Esperándo el Cap 3.

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April 12, 2016 – 1:13 am
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Día 3 El Parral-Creel, Chihuahua.
Cambiando balatas para entrar a la Sierra Tarahumara…

Nos levantamos temprano, fuimos a buscar donde desayunar y encontramos un restaurante pequeño pero muy agradable, la comida casera, típica, muy rica, basta y una increíble promoción de 2×1, regresamos al hotel listos para echar mecánica, pues el cambio de balatas ya era necesario e indispensable. Saque la herramienta que iba a necesitar, y al querer quitar el primer tornillito del caliper que cubre el tornillo eje -donde las balatas de deslizan al frenar- sentí que estaba muy apretado, hice varios intentos de aflojarlo pero fue inútil, incluso se empezó a maltratar un poco, pensé: que debido a la fricción que hubo entre el disco del freno y el metal de la balata, se ocasionó un sobrecalentamiento de todo el caliper y por lo tanto el tornillo estaba dilatado. –Necesitaré wd-40- pensé; cerca del hotel había una ferretería muy grande que parecía ser la solución, pero no la iban a abrir por ser día festivo –esto ocurrió el 21 de marzo-.
Recordamos que al entrar al Parral habíamos visto un centro comercial y hacia allá nos dirigimos, ya con todo el equipaje para no tener que regresar al hotel.
Compramos el afloja todo, y empecé a trabajar, le puse bastante esperando que hiciera su función e intente nuevamente quitarlo, 1, 2, 3 intentos y nada, puse mas wd-40, esperé a que penetrara un poco, 5 intentos más y nada; pensé que sería necesario usar un desarmador de golpe; justo dos días antes había estado hablando con el buen amigo Animal sobre esa herramienta, pero no había estado contemplada para este viaje, buscamos en el internet si había un “Autozone” en la ciudad, pues ya saben que tienen un servicio de renta de herramienta, esa era una buena opción y sí lo había.
Montamos las alforjas a la moto y nos dirigimos hacia allá, había que cruzar toda la ciudad, aprovechamos para conocer una parte que no teníamos considerada.
Llegamos al lugar y pregunté si me rentaban un desarmador de golpe –Ese no lo tenemos para renta, solo en venta-dijo el encargado, 350 pesos por uno igual al que tengo en la casa pero era absolutamente necesario, así que ni modo, lo compramos, le doy el primer golpe al tornillo apretado y el resultado era prometedor, no se aflojó pero estaba cerca, un segundo golpe con el martillo fue suficiente para sacarlo, el resto del proceso fue sencillo, sacar el tornillo eje, quitar balatas viejas, poner la nuevas y apretar el tornillo eje. Al tornillito que ocasionó todo esto, me dieron ganas de aventarlo a la basura, pero me contuve y solo lo mande al fondo de la bolsa de la herramienta.

Colocamos las alforjas nuevamente, nos pusimos todo el equipo de seguridad y tomamos camino, la moto frenaba muy bien, en mi mente apareció la frase, -Sierra Madre Occidental ahí te vamos…-

Tomamos una carretera recta, en buenas condiciones que nos llevó hasta un lugar llamado Ciudad Cuauhtémoc, nunca la había escuchado pero me sorprendió gratamente, muy tranquila, bien organizada, la combinación exacta de lo tradicional con la modernidad necesaria, muchas huertas de manzana, y uno que otro menonita caminando por las calles; comimos ahí, las personas que nos atendían nos preguntaron de donde éramos y se sorprendieron al escuchar –De Toluca-, y con ello las atenciones mejoraron, no es que hayan sido malas antes de esto, pero, mejoraron mucho.

Salimos decididos a llegar a Creel, ansiosos de encontrar esas curvas prometidas en las fotografías que ilustran la información sobre la Sierra Tarahumara, avanzamos unos 50 kilómetros y encontramos la desviación, emocionados seguimos ese rumbo, la carretera inmediatamente se hizo más angosta, el paisaje se iba transformando poco a poco, sin embargo seguíamos viendo a lo lejos una especie de muro que parecía que protegía algo, lo que veíamos era las primeras montañas de la sierra, insistíamos en avanzar y de pronto apareció frente a nosotros una curva con un río que corría a un lado, una zona rocosa, un paisaje mejor de los que esperábamos ver, que casi como advertencia nos decía que se acababan las planicies y sus rectas, que empezaba la diversión…

Y así fue, a cada kilómetro que avanzábamos había más curvas, y cada vez más interesantes, de hecho cada una de ellas nos servía como entrenamiento para la siguiente, parecía que la misma sierra nos preparaba para recorrerla disfrutándola; avanzábamos y cada momento era placentero, con una emoción difícil de describir, -No es que se tratara de la primera vez que manejara en un camino sinuoso, pero si la primera vez que rodábamos la Sierra Tarahuamara- eso nos mantenía con los sentidos percibiendo todo al máximo.

100 kilómetros después llegamos a Creel, esperábamos algo así como un poblado grande, pero agradablemente nos sorprendió que no lo era, un pueblo pequeño, muy pintoresco pero preparado para recibir un gran número de visitantes, buscamos hospedaje, mientras Moni entró a un hotel a preguntar si había habitaciones disponibles, salió una pareja de canadienses con sus chelas en la mano y se me quedaron viendo como bicho raro, hasta que el esposo camino a la parte trasera de la moto para ver la placa y se sorprendió al ver que decía “Estado de México”. Me preguntaron desde donde íbamos, les conté a grandes rasgos el recorrido que llevábamos, el esposo se emoción casi igual que yo al platicárselos, la conversación termino con un “nos vemos más tarde…” El hotel estaba lleno, pero nos dijeron que ellos mismos tenían otro junto a la iglesia y que ahí les quedaba una habitación disponible, que si la queríamos nos la reservaban y así lo pedimos.

El Hotel nos sorprendió al ver que gran parte de sus muebles eran de madera con adornos labrados y pintados a mano. Dejamos el equipaje y salimos a caminar para conocer el poblado, entramos al museo de la cultura Tarahumara, donde nos asombró la filosofía de los Rarámuri o Tarahumaras, percibimos un gran respeto a la madre tierra, la simplicidad de la vida, el no necesitar más allá de lo básico para vivir y la abnegación por defender su cultura, lo que me obligó a sentir mucho más respeto hacia ellos.
Cenamos y fuimos a un bar a tomarnos una cerveza para festejar nuestra entrada a la Sierra, saliendo nos fuimos a descansar. Hacia bastante frío por cierto.

Continuará…

                                                                                                                                                                                              El Escribidor

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April 12, 2016 – 1:46 am
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Felicidades.

Qué buena reseña, espero la continuación…

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April 12, 2016 – 2:02 am
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Wuauu Excelente y envidiable

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April 12, 2016 – 2:36 am
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Gran reseña, excelente viaje hasta el momento…

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April 12, 2016 – 10:32 am
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mmmmmta…..me dejas más picado que una telenovela de los 80's….
Síguele Mano, por favor…

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April 13, 2016 – 4:02 pm
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Excelente reseña, gracias por seguir compartiendo

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April 13, 2016 – 10:12 pm
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Día 4  Creel-Barrancas del Cobre
"Tiroleando sobre la Sierra Tarahumara y caminando hasta una comunidad Rarámuri"

Desayunamos e iniciamos el ritual de partida, al salir a guardar la maleta de la herramienta que -por cierto tenía que acomodarse en las dos alforjas porque era bastante- estaban viendo la moto, el encargado del hotel y otro trabajador del mismo, me preguntaron desde donde veníamos y para dónde íbamos, al responder que para Barracas casi al mismo tiempo me preguntaron si ya teníamos hospedaje ya que los  pocos hoteles se llenan siempre, al dar mi respuesta negativa se ofrecieron a contactar a un conocido que tenía unas cabañas que rentaba, nuevas y económicas; lo contactaron y nos hicieron la reservación mientras nosotros terminábamos de acomodar todo en la moto.

Antes de salir del pueblo nos abastecimos en la única gasolinera que había en muchos kilómetros a la redonda, tomamos carretera y nuevamente surgió esa sonrisa que denota felicidad total en nuestros rostros. El paisaje ya era totalmente serrano, vegetación muy verde, formaciones rocosas a la orilla de la carretera, el camino serpenteaba para subir a las montañas, unos kilómetros adelante la carretera se pone en paralelo con las vías del tren, ese camino exclusivo para el Chepe, el paisaje es único, esperábamos tener la suerte de coincidir en el camino con él, aunque no fue así, pero si un par de veces hay que cruzar la vías y ese escenario también es digno de pararse por una buena fotografía.

Solo son 46 km de trayecto, la carretera está en muy buenas condiciones, pero tardas aproximadamente una hora en recorrerla, ya que tienes que ir despacio disfrutando los paisajes, las curvas, la esencia del lugar; es fácil perder la noción del tiempo; al salir de cada curva se te presenta un paisaje diferente, quedas embobado, entras en un dilema, no sabes si pararte a contemplar cada lugar o seguir avanzando ansioso de ver que es lo que sigue.

De pronto, llegamos a la parte alta y vimos el primer mirador, fue como si hubiéramos abierto las cortinas de un balcón de un enorme edificio, solo ves un vacío frente a ti y después la majestuosidad de la Sierra Tarahumara, la combinación fascinante de las montañas y las barrancas, que muestran una obra maestra de la naturaleza, seguramente estaba con la boca abierta, el paisaje es impresionante, ahí es cuando uno se siente pequeño, cuando reconoces el lugar que la madre tierra nos dio, recordé la frase “Somos cucarachas” (que es de un gran filósofo contemporáneo llamado José Antonio Ugarte también conocido Tiger jajaja). Después de un rato de estar hipnotizados, reaccionamos en ir a dejar nuestro equipaje a la cabaña para entrar a la parte donde hay acceso a las barrancas y así lo hicimos.

Llegamos a la entrada donde está el estacionamiento, ahí se deben dejar los vehículos y tomar un trenecito para ingresar a las taquillas, pero a nosotros nos dejaron meter la moto hasta allá.
Esa era la zona de venta de artesanías, la mayoría de las vendedoras orgullosas portaban su vestimenta tradicional rarámuri. Nuevamente parados frente a la sierra y seguíamos sorprendidos por el inmenso paisaje, sientes como la misma Sierra te invita a acercarte a ella, aceptamos ese llamado y pagamos el recorrido que se hace en 7 tirolesas y 2 puentes colgantes para cruzar las barrancas, después de una breve explicación sobre el uso del equipo empieza la aventura; la emoción aumenta cuando te acercas a la plataforma donde te enganchas a la línea de acero, y un vacío se te hace en el estómago cuando ya estas colgado y te das cuenta de la profundidad, así como la longitud de la barranca que vas a cruzar. Agarras valor o te agarras de la polea, el encargado de la plataforma te impulsa y de pronto el suelo se te desaparece, llega una descarga de adrenalina que te obliga a dar un grito de emoción, el sonido que emiten las poleas te hace reaccionar y te dice la velocidad a la que avanzas, de pronto te ves en medio de la barranca, sientes un placer fascinante, disfrutas un paisaje completamente diferente y no quieres que ese recorrido termine; claro hasta que ves tu llegada inminente a la otra estación y te dicen que debes de empezar a frenar, un poco de nervios llegan a ti la primera vez, frenas y te das cuenta que no te detienes mucho en realidad, te quedas un poco bloqueado al ver que el sistema de la tirolesa está demasiado cerca de la plataforma, pero el golpe que se escucha al llegar te hace reaccionar, te desenganchan de la línea, te dicen que debes caminar por un sendero que sube y luego baja, que te permite ver desde otra perspectiva el paisaje hasta llegar a la siguiente plataforma, en realidad sientes que flotas debido a la adrenalina en tu cuerpo. Ya en la siguiente tirolesa el proceso se repite pero no la emoción, esta aumenta, pues las barrancas son cada vez más grandes y cada una te ofrece algo diferente, en un par de ocasiones nos lanzaron juntos, decían que estaba haciendo aire en contra y una sola persona no llegaba al final de la línea, así que para tener mayor peso y por ende más velocidad, nos engancharon a los dos, fue una emoción completamente diferente y muy agradable. Intercalados en las tirolesas hay unos puentes colgantes que también tienen lo suyo de emoción; durante el recorrido platicamos con una pareja que iba de Chihuahua, nos preguntaron que de dónde íbamos, que si habíamos pagado un tour, y al platicarles que íbamos en moto desde Toluca se emocionaron y nos preguntaron si éramos los de la moto roja con una maletota que habían visto en la carretera, dijeron que al vernos empezaron a platicar sobre comprar una moto y viajar así, en pareja; nosotros se los recomendamos ampliamente; él ya había tenido antes una moto deportiva pero la había perdido en un accidente, terminamos el recorrido y llegamos a la estación del teleférico, nos despedimos de ellos, ya que tenían un recorrido a una cascada y nosotros teníamos otros planes.

En ese mismo punto donde acabábamos de llegar, había varios recorridos a pie: ir hacia el rio, a una caverna con pinturas rupestres, nosotros escogimos caminar a Bacajipare, una comunidad rarámuri, la caminata duraba dos horas y media ida y vuelta aproximadamente, contratamos un guía que resultó ser un chico rarámuri, que vivía por ahí cerca, nos dio un bastón y empezamos a caminar, el caminaba más rápido al principio, luego bajo el paso para esperarnos, le hacíamos diferentes preguntas sobre la cultura rarámuri, pero él nos daba respuestas cortas o las evadía inteligentemente. Caminando percibimos la sierra de manera diferente, el sendero tenía más bajadas que subidas, lo que me preocupaba era el regreso; disfrutando del paisaje y del calorcito que se sentía al estar en medio de las barrancas, continuamos hasta llegar a un riachuelo casi seco, que marcaba el inicio del pequeño poblado, habría unas 10 casas,
-donde vives- le pregunte,
-para allá arriba, no se ve desde aquí mi casa ¬respondió.
Le comentaba que eran pocas casas y él me dijo que a ellos les gusta que las casas esten separadas, el pueblo sigue a lo largo de esa barranca. La pregunta obligada era-¿y para ir a la escuela?- Hay que caminar media hora hasta Arepo-, el poblado donde nos estábamos hospedando, -pero está lejos para llegar en ese tiempo- le dije. -Es que los de aquí somos ligeros para caminar-, me respondió. Llegamos al lugar y nos dirigió hacia el museo de la cultura rarámuri, que es un solo cuarto de 5×5 pero expone algo más que los objetos que uno observa al entrar, entiende uno la simplicidad de la vida en la sierra, todo lo que había se hizo por manos de los habitantes, con recursos que ahí mismo encuentran y los toman sin afectar al medio ambiente. Las casas estaban solas, solo en una había 3 niños jugando afuera, se nos quedaban viendo con curiosidad igual que nosotros a ellos. Nuestras preguntas insistieron y a nuestro guía no le quedó más que aceptar nuestro interés por su cultura y en un cambio radical nos empezó a contestar con detalle todo lo que le preguntábamos. Nos sentamos en una banca que estaba a la sombra, afuera del pequeño museo, a perdernos en la fascinación de la experiencia que estábamos viviendo, escuchamos el silencio, vimos la quietud, sentimos la calma… después de un momento de transe reaccionamos y decidimos muy a nuestro pesar regresar, pues teníamos que tomar el teleférico para poder regresar y el último salía a las 4:30; a los niños que habíamos visto les regalamos unas galletas que llevábamos y nos despedimos de ellos, la caminada de regreso fue en su mayor parte subida, nos exigió detenernos varias veces para recuperar el aliento y tomar agua, pero bien valía la pena cada paso que con esfuerzo dábamos, después de algo así como una hora llegamos a la estación y esperamos a que llegara el teleférico, mientras eso ocurría Moni fue a comprar algunas artesanías que también vendían de ese lado.

El recorrido en el teleférico no es menos sorprendente, magnifica vista que lentamente se va disfrutando de varias perspectivas y es increíble la sensación de ir sobre volando la barranca. Llegamos al final del recorrido y fuimos a comer al restaurant volado, que además tiene una parte del piso de vidrio y que hace que se te suma el estómago cuando caminas sobre él, disfrutamos también de unas cervezas y nos quedamos un rato más disfrutando de la fascinante vista que ofrece el restaurant.

Salimos del parque pero aun así no parábamos de tomar fotos de todos los paisajes que seguíamos viendo, tomamos camino para la cabaña para descansar un poco, ya que el cuerpo así lo exigía después del largo día de aventura, luego salimos buscando algún lugar para cenar y para nuestra sorpresa todo estaba cerrado, preguntamos donde podrías encontrar algo y nos dijeron que solo el hotel grande tenían restaurante, fuimos allá y efectivamente si lo había pero estaba tan lleno y creo que mal organizado su servicio que no se daban abasto para atender a la multitud que quería cenar, esperamos en el bar a que nos asignaran mesa pero eso nunca ocurrió, hambrientos, cansados de esperar y de escuchar la plática de unos esnobs que estaban ahí cerca, decidimos irnos a comparar nuestra cena en una tiendita que vimos cerca de la cabaña, cenamos y nos fuimos a dormir.

Continuará…

                                                                                                                                                                                      El Escribidor

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April 14, 2016 – 4:18 am
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Que chulada escribidor que chulada……….

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