● FORO SPORTSTER ●
RESEÑA DEL VIAJE RECORRIENDO LA COLA DEL DRAGÓN
“LA TERCERA FUE LA VENCIDA”
Este año Moni y yo planeábamos hacer un recorrido por el Sureste de México y llegar a Belice, pero recordarán que los dos años anteriores habíamos planeado como primera opción ir a la Cola del Dragón, solo que el mal clima en las dos ocasiones no nos lo permitió y terminamos cambiando el destino, algo que tampoco nos afectó, pues disfrutamos las dos alternativas que contemplábamos como segunda opción.
Las cosas se fueron dando, unos días antes de partir vimos que el clima estaba bien en el norte y el dólar había bajado un poco, así que platicamos y decidimos intentar por tercera vez viajar para recorrer la carretera US 129.
Tampoco iba a ser tan fácil, 3 días antes de salir como lo teníamos planeado en Viernes, a Moni le dio una gripa muy pero muy fuerte, que la obligó a ir varias veces al doctor y tuvimos que retrasar la salida hasta que se sintiera mejor, así que todo inició hasta el día lunes 10 de abril que Moni terminó su tratamiento y que valientemente decidió que partiéramos aun teniendo un fuerte malestar.
El domingo por la tarde, al estar haciendo los últimos preparativos para el viaje, intenté comprar por internet el seguro de la moto, que es requisito para circular en Estados Unidos; al estar en el proceso, el sistema me pidió que ingresará el número de mi licencia de motociclista y la fecha de vencimiento; cuando busco el segundo dato, me llevo la sorpresa de que se vencía el día 13 de abril; por lo que ya no pude comprar el seguro y aparte estábamos con un serio problema, pues manejar con la licencia vencida causa una multa de unos 200 dólares, así que a buscar soluciones, encontré que para esa semana solo habría servicio en las oficinas de Naucalpan y en Atlacomulco; afortunadamente nos quedaba en el camino; las cosas seguían acomodándose solas, posiblemente tendríamos que perder algunas horas en renovar la licencia pero no había otra opción; terminamos los preparativos y nos fuimos a dormir…
Día 1 Un día con mucha suerte
Toluca-Monterrey
Nos levantamos temprano subimos el equipaje a la moto, que ya estaba lista desde días antes y salimos a carretera, que estaba un tanto libre de tráfico para ser el inicio de las vacaciones, así que en menos de una hora ya estábamos en Atlacomulco buscando la oficina de licencias, la encontramos y para nuestra sorpresa, no había gente haciendo el trámite, así que en unos 40 minutos salimos de ahí con la licencia renovada. Las cosas seguían saliendo bien…
Seguimos nuestro camino sin novedad hasta el libramiento de Querétaro, para cargar gasolina. Unos kilómetros adelante me grita Moni qua algo se había caído de la moto, me orillé inmediatamente y me dice que se cayó la tapa de la batería; recordando que la pérdida del cover del escape del año pasado salió cara, decidimos regresarnos a buscarla, me di vuelta y avanzamos un poco en sentido contrario, se suponía que salió volando hacia el lado izquierdo; pensábamos que había caído fuera de la carretera, pero para nuestra sorpresa la encontramos en la orilla derecha y ya aplastada por un tráiler, por lo que estaba completamente plana y con unos bordos de la graba del asfalto; aun así la recogimos y seguimos nuestro camino.
Todo parecía normal, pero antes de llegar a la desviación para Dr. Mora, ya en el estado de Guanajuato, caímos en varios baches, pero en uno de ellos sentí como que la moto perdió potencia, el velocímetro y los testigos se apagaron, me pasé al carril derecho, pero no quise pararme hasta encontrar un lugar adecuado para hacer la revisión; avanzamos unos kilómetros y llegamos a la gasolinera que está antes de San Luis de La Paz, nos estacionamos en la sombra y sin apagar el motor hicimos varias pruebas buscando la falla, al no encontrarla decidí apagar el motor y al intentar arrancarla nuevamente ya no respondió, quitamos asiento, CDI y revisamos cableado, usando el probador de corriente revisamos el estado de la batería que era la principal sospechosa (pues aún es la batería con que la moto salió de agencia en el 2005!! lleva 12 años y apenas empieza a descargarse de vez en cuando, debe de ser un record), revisamos y si tenía carga, al puentear la tierra Moni me dice que ahí prendían los testigos, así que ese era el problema, descubrimos que la zapata de la tierra que conecta al motor se había trozado, afortunadamente en una de las maletitas de la herramienta iba una igual y la cambiamos pero no la conectamos en su lugar pues el motor estaba muy caliente, la conectamos con el tornillo que sujeta la batería, armamos todo y nos fuimos.
Acalorados pero satisfechos por haber encontrado relativamente pronto la falla seguimos nuestro camino, llegamos a San Luis Potosí y nos detuvimos en el paradero del libramiento para cargar gasolina, comer y descansar un poco.
Nos trepamos nuevamente a la moto y tomamos rumbo a Matehuala, acabábamos de salir del libramiento y justo pasando la gasolinera llamada los “Pits” o algo así, íbamos rebasando a varios tráiler, uno de ellos se nos avienta para rebasar y baje la velocidad, íbamos tras el esperando a que se quitara, pero justo cuando él terminó de rebasar a otro tráiler, el que iba en el carril derecho se aventó a rebasar invadiendo nuestro carril y nos sacó de la carretera, yendo nosotros a la altura del tracto camión. Por instinto me hice inmediatamente hacia la izquierda frenando y tocando el claxon para que nos viera, pero fue inútil; ignorándonos completamente continuó su camino y no solo eso, todavía se salió él del carril hacia el acotamiento izquierdo, justo donde íbamos nosotros; yo seguía cargándome hacia la izquierda pero ya no había asfalto, de mi lado izquierdo estábamos a centímetros de los fantasmas y del lado derecho a centímetros de las llantas del tráiler, que para acabarla de amolar era de doble remolque, pareció una eternidad, ya sin posibilidades de seguir en el asfalto y justo después de pasar un fantasma me salí hacia la tierra, haciendo maniobras para mantener el equilibrio; logré controlar la moto. En eso por fin acabo de pasar el tráiler y antes de chocar con el siguiente fantasma, pude subirme nuevamente al asfalto…(¿Qué fue lo que paso? Posiblemente no nos vio pero si escucho el claxón, pues llevaba abajo su ventanilla, así que pudo haber intentado darnos espacio. Posiblemente se había echado su perico y ni se enteró) Pero aquí fue, donde determinamos que era nuestro día de mucha suerte, pues nos salvamos de un accidente serio.
Muy molesto más que espantado, alcancé al tráiler para darle su respectiva mentada de madre, sabiendo que llevábamos la de perder decidimos no pelear, después de rebasarlo seguimos avanzando con la idea de buscar una patrulla de la federal, pero como ya saben, no hay ninguna cuando la necesitas; muchos kilómetros adelante había un retén de la policía pero ya habíamos avanzado mucho y seguramente tardaría bastante en llegar el tráiler a ese punto, por lo que decidimos no hacer nada y seguir nuestro camino.
Llegamos a Matehuala, seguimos hacia Saltillo y ya sin problemas llegamos a Monterrey, tomamos el libramiento y nos paramos en Apodaca para buscar hotel, nos registramos, bajamos todo el equipaje, salimos a cenar, compramos el seguro de la moto y nos fuimos a descansar, para esto Moni se sentía bastante mal, pues el esfuerzo, los cambios de temperatura le habían ocasionado nuevamente malestar así que tomó su medicamento y nos fuimos a dormir.
Continuará…
El Escribidor.
Día 2
Apodaca – Belton, Texas.
Nos levantamos a eso de las 7 y al bajar a desayunar, nos dimos cuenta que aún estaba muy obscuro, así que desayunamos con calma para esperar a que saliera el sol, como siempre di dos vueltas de la habitación a la moto la primera para guardar la herramienta en las alforjas y la segunda para llevar la maleta del equipaje, después de amarrarla a la parrilla, nos pusimos todo el equipo y agarramos camino; iba en nuestra mente la incógnita ¿Cuánto tiempo nos vamos a tardar hoy en sacar el permiso?, la última vez estuvimos 7 horas formados, así que resignados seguimos hasta Nuevo Laredo y nos dirigimos hacia el puente internacional II, donde inicia la fila para cruzar, nosotros empezamos a ratonear entre los carros para tratar de avanzar lo más posible, hasta donde nos alcanzan a ver los de migración, ahí nos formamos en la fila pensando en que “no vaya a ser cierto aquella leyenda urbana que dice que si te ven metiéndote entre los carros te regresan al final de la fila”; pese a que un señor que pedía dinero entre los autos nos dijo –Ustedes no se formen, váyanse en sentido contrario y ya adelante se meten en la fila, así le hacen todos los de las motos-, a lo que un conductor que iba en camioneta con su familia que seguramente era harlero, pues llevaba una calcomanía del logo de Harley pegada en su troca, intervino y me dijo,-Mejor no, porque si te ven te regresan, quédate ahí formado- agradecimos las dos sugerencias y decidimos seguir con nuestra idea de esperar nuestro turno, estuvimos esperando algo así como media hora, cuando faltaba un carro para que nos tocara pasar, el agente de migración que estaba atendiendo esa línea, se tardó mucho tiempo en revisar los documentos de una camioneta, mientras que las otras líneas si avanzaban, así que le pedimos un chance a un carro para que nos dejara cambiarnos a su línea y muy buena onda aceptó; al llegar a la garita, las preguntas de rigor -¿A dónde van?, ¿De dónde vienen?, ¿Algo qué declarar?, ¿Las visa y pasaporte?, pásenle- las palabras más esperadas… avanzamos buscando donde estacionar la moto, para ir a formarnos y sacar el permiso de turista; me di cuenta que las oficinas estaban en remodelación, así que le pregunte a uno de la DEA que dónde podía sacar el permiso y me dijo: -Tienen que ir a las plazas outlet ahí está la oficina, pero, ¿Para dónde van?- A Belton, Texas le contesté- ¿Se van por el 35?- Volvió a preguntar, -Si todo el 35- respondí (Que es la carretera interestatal que cruza todo Texas), -a pues mejor vayan al centro de turistas que está en la milla 18, también ahí lo pueden sacar-. Agradecimos la información y avanzamos dos cuadras, nos paramos a cargar gasolina y platicamos para ver si habíamos entendido bien la información, decidimos hacer caso a la recomendación y nos fuimos hacia el centro turístico que ya conocíamos, pues ahí habían tratado de ayudarnos la primera vez que fuimos a Estados Unidos en moto y que no habíamos encontrado quien nos vendiera el seguro, que es requisito para circular allá. Aquella ocasión de ahí llamaron a todas las aseguradoras e incluso a la oficina de la policía para preguntar que se podía hacer, y al no encontrar solución la persona que nos atendió, nos dijo -pues váyanse así, les doy mi tarjeta si la policía los detiene me llaman y yo le explico que no hay quien venda seguros para moto-. Así que por esa razón identificábamos bien la oficina. Llegamos esperando ver el estacionamiento lleno y una fila enorme, pero para nuestra sorpresa el estacionamiento estaba casi vacío, incluso Moni me dijo que ella creía que no estaban dando ahí los permisos, entramos a las instalaciones, ubicamos una oficina que decía: “Permisos” entramos y nos sorprendimos de ver que no había fila, de los 8 escritorios que estaban atendiendo, solo en uno estaban ocupados; la que parecía ser la jefa nos dijo con una sonrisa y un tono muy amable –¿Vienen a sacar permiso?- Creo que ni espero nuestra respuesta porque continuó diciendo -Pasen con cualquiera de mis compañeros para que los atiendan-, agradecimos y nos dirigimos a un escritorio sin poder quitar de mi mente, lo que se había escuchado últimamente en las noticas, sobre “lo difícil que era obtener el permiso para entrar a los Estados Unidos, que te revisaban hasta los celulares, tus redes sociales, que te hacían un interrogatorio completo, que incluso había personas a quienes les había quitado la visa y bla bla bla”, pensamientos que fueron interrumpidos por el oficial de migración al preguntarnos -¿Vienen en moto?, respondimos que –sí-, solo nos dijo -denme su visa, pasaporte y la dirección a donde van a estar-. Entregamos los documentos, los revisó en el sistema, y lo de siempre, foto, huellas y listo, imprimió los permisos y nos mandó a pagar a la caja. En menos de 5 minutos ya estábamos saliendo con una sonrisa del tamaño de Texas, en la puerta nos estaba esperando un trabajador de la oficina de turismo con una bolsita de plástico que decía Welcome to Texas.
Salimos aun incrédulos de lo rápido que había sido, así que les llame a mis tíos, para avisarles que esta vez llegaríamos temprano con ellos, pues estábamos a 4 horas de camino para llegar a Belton; ambos tíos nos advirtieron: -Vénganse con cuidado porque toda la noche estuvo lloviendo hasta hace una hora que se quitó la lluvia, pero va hacia el sur, así que seguramente les va a tocar en el camino-. Pues resignados a que seguramente nos mojaríamos seguimos nuestro camino, en ese momento el clima estaba bien ahí, estaba nublado pero no hacia frio. Avanzamos hasta el Encinal donde nos paramos a comer y descansar un rato.
Cargamos gasolina en ese lugar como siempre lo hemos hecho, para poder llegar hasta San Antonio y retomamos nuestra ruta, se sentía un poco de calor a pesar de estar nublado, avanzamos unos 30 minutos y vimos que había una gasolinera nueva más adelante, luego otra, después un paradero nuevo y muchas más gasolineras que no había antes, incluso centros comerciales y una plaza outlet que no habíamos visto hace 3 años. Sorprendidos seguimos nuestro camino y al acercarnos a San Antonio, se veía un muro de nubes y lluvia que amenazante nos estaba esperando, sorprendidos que a pesar del paisaje aun no nos llegaba el agua, seguimos hasta la entrada de la ciudad, que ya era inminente nuestro encuentro con la lluvia, decidimos detenernos para ponernos los impermeables. Aun no terminábamos de hacerlo cuando la llovizna llegó a nosotros y una vez listos para la enfrentar la tormenta seguimos adelante, en dos minutos ya estábamos mojándonos bien y bonito pero el impermeable hacia su trabajo.
Ya en el centro de la ciudad, estaba tan nublado y la lluvia tan fuerte, que no se alcanzaban a ver los grandes edificios que normalmente puedes contemplar, solo alcanzábamos a ver los letreros de advertencia de posibles inundaciones en el 35, había trafico pero manejaban despacio por lo peligroso que se veía el camino, bajamos la velocidad para ir lo más seguros posible, la Heroica (que es el nombre que se le quedó a nuestra moto) avanzaba a paso firme, como refrescándose con la lluvia que para ella era como una simple brisa, nos condujo sanos y salvos bajo el diluvio que nos tocó y en medio del tremendo tráfico que se había ocasionado hasta salir de San Antonio, la lluvia ya iba disminuyendo, nos detuvimos a cargar gasolina nuevamente, no sé porque la gente nos veía como extraterrestres, pero tampoco nos importaba mucho.
Seguimos adelante, el clima mejoró, incluso el viento se encargó de que los impermeables se secaran, una hora después estábamos entrando a Austin, donde el infernal tráfico ya nos estaba esperando, llegamos a formarnos, pues estaban prácticamente detenidos todos los carros, cosa que ya es normal si estás ahí a eso de las 5 de la tarde. Seguramente tardamos más de una hora para cruzar la ciudad pero ya estábamos a 60 millas de nuestro destino.
Continuamos por el 35 pasamos, Round Rock y Georgetown donde también quedamos sorprendidos del crecimiento que se ha dado estos últimos años, pues ya no hay una separación entre estas tres últimas ciudades que antes si había.
Llegamos a la salida 293 que era donde nos desviamos y llegamos a Belton, un pequeño condado en el centro de Texas que es donde vive mi tío, llegamos a su casa nos instalamos, nos invitaron a cenar, unas cervezas, platica agradable para ponernos al tanto de los últimos acontecimientos en nuestras vidas y nos fuimos a descansar.
Continuará…
El Escribidor.
Día 3
Un día de descanso necesario.
Decidimos quedarnos este día a “descansar”, como lo habíamos platicado con Moni, un día para dejar que su organismo se recuperara un poco más, pues si bien ya casi no tenía la gripa tan fuerte, los malestares y el cansancio del viaje la tenían un poco mallugada, pero nada que un día de relax no pudiera arreglar.
Aun así nos levantamos temprano, pues ya habíamos quedado de desayunar con mi otra tía que vive a unas 10 millas en un lugar llamado Temple. Nos subimos a la moto, ahora sin equipaje que de cierto modo se sentía extraño, y en pocos minutos llegamos a su casa, ella ya estaba terminando de preparar el desayuno, degustamos lo preparado, platicamos del viaje, sobre cómo íbamos en ese momento y hasta donde pretendíamos llegar. El tiempo pasó rápido y después del medio día nos fuimos a visitar a la comadre Eri, que también vive Temple, fue una visita rápida y regresamos a Belton a la casa de mi tío.
Pretendíamos estar ahí tranquilos el resto de la tarde, pero la comadre Eri nos llamó por teléfono para invitarnos a cenar una barbecue que es mi debilidad, fuimos a un lugar llamado Backyard BBQ en Morgan Point. Ellos iban en una spider can am que tiene el compadre Mark y pues nosotros en la heroica, fue un recorrido breve pero fascinante pasamos por el puente que esta sobre la presa de Belton, el camino es de doble sentido y tiene algo de curvas que lo hacen interesante y el paisaje agradable; sobre la carretera puedes ver infinidad de casas con ese estilo campirano que me deleita. Llegamos a cenar y pues pedimos la clásica papa rellena de BBQ; mientras nos atendían, una señora mayor que estaba en la mesa continua, nos preguntó que si íbamos en moto, pues había visto los cascos, -si- respondió la comadre, pero ellos vienen desde México en la moto, señalándonos a nosotros. –Wow ¿Cuántos días tardan en llegar aquí?- expresó sorprendida la mujer al igual que su familia, -Y van para Carolina del Norte- Completó Eri, la sorpresa de todos no se hizo esperar. Nos interrumpieron cuando la mesera llevó las cervezas y la plática se retomó en nuestra mesa.
Cuando íbamos a la mitad de nuestra cena, la señora con la que habíamos platicado ya se retiraba, pero se acercó a Moni y a mí, para comentarnos que ella en alguna ocasión había viajado desde ahí hasta la Isla del Padre, mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa, en la que claramente se veía que estaba recordando aquel viaje que mencionaba y prácticamente vimos cómo lo volvía a disfrutar, solo con el hecho de mencionarlo. Continúo diciéndonos, que ella sabía que rodar era algo que se disfrutaba muchísimo y nos deseaba que nos fuera muy bien en nuestro viaje, -Rueden seguros- terminó diciendo y se retiró.
Me dejó, con esa extraña pero agradable sensación de satisfacción al compartir, que siempre me llega cuando en algún momento del viaje ya sea antes, durante o después alguien platica conmigo y se le ilumina el rostro de emoción como si fuera parte de la aventura. (Que de cierto modo lo son).
Continuamos cenando, disfrutando de la plática con Eri y Mark, al salir del restaurant ya había oscurecido, nos subimos a las motos y nos fuimos, el clima era bastante agradable, nos despedimos sobre la marcha cuando ellos se desviaban para Temple y nosotros continuamos a la casa de mi tío.
Llegamos a casa y le comentamos al tío que al siguiente día seguiríamos nuestro viaje, platicamos un rato más y nos fuimos a descansar.
Continuará…
El Escribidor.
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