● FORO SPORTSTER ●
Los fines de semana largos, como todo en la vida, tienen sus cosas buenas y sus cosas malas.
Se supone que son días de asueto perfectamente identificables para poder disfrutarlos al máximo. La idea es favorecer el turismo, fomentar la convivencia familiar y, en una de esas, generar derrama económica que buena falta hace. Son una forma elegante de eliminar los famosos “puentes”. En otras palabras, si ya saben que voy a faltar al trabajo, mejor te doy permiso de una vez.
Los fines de semana largos hicieron su arribo triunfal en 2006. Sí, hace diez años. En estos diez años, quizá una o dos veces los fines de semana largos y yo hemos coincidido en el objetivo para lo cual fueron creados. El resto de las ocasiones siempre sucede algo que provoca que ellos y yo tomemos rumbos diferentes.
Esta vez no fue la excepción. Resulta que a reserva de encontrar otro día mejor, decidimos festejar el cumpleaños de mi hija el domingo. Parientes de aquí, allá y acullá llegaron a la nueva Ciudad de México para tan magna ocasión. Cumplí con los deberes de anfitrión hasta bien entrada la tarde del domingo.
Sin otra cosa mejor que hacer, me puse a revisar la sección de “Salidas y Rodadas” por si había alguna disponible. “negativo, pareja”, fue el resultado. Había un par que pintaban de lujo. Y vaya coincidencia: ambas tenían una presa como destino.
Preparé mis cosas. El sueño llegó antes de decir “buenas noches” y el lunes muy temprano volé con El Cuervo hacía los rumbos de Hidalgo. Primera buena noticia de un fin de semana largo: a pesar de ser lunes, poco tráfico en la ciudad. Entre la caseta de Las Pirámides y Acolman, le hicimos compañía a una parejita que venía a buena velocidad, hasta que se le zafó la correa del casco al piloto. Cruzamos miradas de “todo está bien; nos vemos luego; buen camino”. O al menos eso fue lo que yo pensé. Igual el amigo se enojó de que viniera atrás de él y fue una manera sutil de aventarme una pedrada para dejarlo a solas con su acompañante. En fin, la desviación a Tulancingo estaba ya por anunciarse y por ahí me fui.
Pasando el Acueducto del Padre Tembleque –que se alza majestuoso a la derecha- hay un entronque que conecta Pachuca con Ciudad Sahagún. Venía tan despacio esperando mi salida, que ni tiempo me dio de decirles adiós a dos HD que, creo, huían de la autoridad.
Salvo una pequeña pendiente, el camino a Pachuca es una recta en buen estado. Primera mala noticia de un fin de semana largo: En Pachuca no los conocen o todos salen en auto para disfrutar del sol. Creo que hice más tiempo en cruzar la zona urbana y dirigirme hacia el Corredor de la Montaña, que en esperar la llegada de febrero.
La vista de Pachuca camino a Real del Monte, bien vale la espera. Hay un bandera monumental que hasta parece que le pagan por hacer su movimiento rítmico. Decido hacer una escala técnica. El lugar repleto de turistas. Un pequeño autobús rojo (a manera de turibus capitalino) hace las delicias de los pequeños. Todos se quieren subir. Todos quieren ventana.
La salida es tortuosa, pero amable. Un letrero me pone en alerta: pavimento resbaloso. Es una ruta preciosa. Entre bosques, piedras y curvas se llega al Parque Nacional El Chico. Muy limpio. Bien cuidado. Y cosa extraña, muy pocos visitantes.
La carretera cruza un valle donde se concentra la diversión. Un pequeño lago espera a que las lanchas y sus ocupantes se pongan de acuerdo para los recorridos. No es propiamente una presa, pero al menos tiene agua. Por allá, se ven algunos caballos pidiendo la hora para que los dejen descansar.
10 km de pendiente prolongada y llena de curvas, anuncian la llegada a Mineral del Chico. Se agradece que el camino esté en perfectas condiciones. Me gusta el letrero de bienvenida: “Un pueblo chico, para gente grande” o algo así.
Antes de entrar al pueblo, hay un ventanal que ofrece antojitos. Las quesadillas son gigantes y con una basta y sobra para llevar la fiesta en paz. Justo ahí me doy cuenta que a los celulares se les agota la batería más rápido en un fin de semana largo, que en un domingo tradicional.
Fin de viaje
312 km. 2 casetas. Un pequeño lago. Una foto, sin un solo árbol.
@Adrián Rojas Alvarez buen rolesito, recuerden que casi todos los pueblos mágicos andan en obras y si va alguien mas a Mineral mucho cuidado con la gravita en las curvas, además de que hay partes que por momentos enrielas la llanta pq no les quedó bien su encarpetada, jajaj… Esperamos tu siguiente reseña!
CAOS
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