● FORO SPORTSTER ●
¿Seré capaz?
Fue la pregunta que me vino a la mente cuando Lemus, un buen amigo me dijo ¡vamos! Salimos el jueves (y era martes)
2012 Asphalt Rats Rats Ride “El fin del mundo” 1609 kms en 24 horas. Chihuahua México.
Miércoles 18 de julio, 9:00 pm suena el teléfono y era mi amiguita Cocas, la master! Para decirme que si iban. Ella y su marido Luiyi se animaron tan sólo una noche antes.
Acordamos vernos en la caseta de Tultitlán, México para de allí rodar al libramiento a San Luis y encontrarnos con Lemus y Adalid a quien yo no conocía.
Rodamos a buen paso a San Luis y de allí a Lerdo, Durango con algunas paradas para tomar algo o ponernos impermeables y a la mañana siguiente nos dirigimos a Chihuahua para completar los primeros 1480 kms.
Llegando al registro y la primera noche
Ya una vez instalados en el hotel nos dirigimos al registro en el evento. Sentí un gran nerviosismo al ver a tantos hombres en motos tan poderosas y equipadas; no pude evitar sentir la duda de participar o no pero estaba a 2 personas en la fila de llegar al registro por lo que me dije a mi misma, -¡tranquila! Lo peor que puede pasar es que abandone el evento y me hospede en algún lugar,¡ total! Todo fuera como eso.
En la junta nos dieron cambios de última hora pero yo francamente sólo había echado un vistazo al mapa y nada más pero por fortuna Adalid que tenía ya su propio mapa todo desmenuzado tomó algunas notas de los puntos más relevantes. Definitivamente fue un súper apoyo para todos nosotros.
Intenté dormir 3 horas pues la cita era a las 3:00 am para iniciar tremenda aventura. No creo haber dormido más de 2 horas, el nerviosismo me lo impidió así que en cuanto sonó el despertador a las 2:00 am brinqué de la cama para prepararme.
No me salvé de que los nervios me traicionaran pues literalmente no podía ponerme el pantalón del impermeable, me sentía desesperada allí, tirada en el piso del estacionamiento, pataleando y tirando de los tirantes sin lograr nada, absolutamente nada. Para ese momento ya estaba empapada en sudor, cuando se acercó Lemus con esa serenidad que tanto admiro a decirme –Tranquila mujer, es un evento para disfrutar, ¡no sufras! Y me ayudó con el impermeable-sauna para salir de inmediato los 5 rumbo al evento.
La señal de arranque
Cuando llegamos ya había una fila enorme de motociclistas, 4 filas en realidad, avanzando rápidamente, con la lista de checado en la mano lista para subir a una rampa y que el juez leyera mi odómetro y me diera la señal de arranque.
4:04 am era mi hora ¡Que sensación! Entre nerviosismo, adrenalina, éxtasis y ganas de ir al baño. Pasamos Luiyi, Cocas, Yo, Lemus y Adalid, en ese orden y nos deseamos suerte y bendiciones, salimos con todo entusiasmo.
El primer regalo
Hacía una hora aproximadamente cuando en una recta el paisaje era majestuoso; el cielo azul marino iluminado con unas enormes y aborregadas nubes grises, cargadas de agua y brochazos de un tono rosa pastel en la base lo que iluminada toda la parte baja de dichas nubes. Wow! Es una imagen para recordar toda la vida.
Hacía frío, empezaba a chispear y a verse más claro cada vez y así a las pocas horas y sobre una carretera de rectas que para el final fueron mi peor tortura y riesgo empecé a sentir sueño.
-¡Me lleva! Fue lo primero que pensé al sentir sueño, apenas tenía dos o tres horas de haber iniciado ¡ no era posible! No lo voy a lograr, pensé y fue así como me acordé que La master Cocas me dijo que cuando sintiera sueño le aumentara fuerte la velocidad para generar adrenalina por lo que me separé del grupo y eso hice.
Empecé a rebasar a otros motociclistas, cada vez más rápido y efectivamente me sirvió. Cuando ya el sueño había desaparecido miré por el espejo a Cocas quién en un segundo me alcanzó y que me hacía una señal con la mano diciendo ¡ ándale, dale más! Y le di más. Ese fue el primer bombazo de adrenalina, suficiente para terminar de despertar.
La ruta
Chihuahua, Guadalupe, una desviación extraña, Camargo, Satevo, La Junta, Creel, Divisadero, Guachochi, Balleza, Huejotitlán, Parral, Jiménez, Chihuahua.
Lo bueno empezó por Satebo, pasando Camargo, una carretera de curvas y con tránsito local, algunos grupitos de motociclistas y la Cocas en frente.
¡A darle! Y es que se siente bonito rebasar ¿o no? Y luego con la master adelante más, Luiyi se había detenido un poco antes y nos hizo la seña de que nos adelantáramos. No pasó mucho tiempo cuando nos alcanzó y los tres empezamos a subir la sierra produciendo en mi caso una nueva dosis de adrenalina que poco más adelante me llevó a una sensación de éxtasis increíble.
Lo primero que pasó por mi mente fue que no podía rebasar mi límite tratando de seguir a dos motociclistas tan experimentados en una zona de tanta curva. Decidí hacer mi mejor esfuerzo sin llegar a sentir nerviosismo y mantener la velocidad con la que yo realmente conservaba mis habilidades. Y así fue, subimos el tramo antes de llegar a Creel rapidito, me llegaba a atorar en algunos rebases con el tráfico pero de inmediato me integraba con ellos y así hasta que la lluvia los hizo parar a ponerse los impermeables. Yo empecé el reto con impermeable puesto y así lo terminé.
Sentí orgullo al recibir felicitaciones de Luis y Cocas, -¡bien Adrianita! Me decía Cocas y yo con más confianza para seguir con el reto.
De allí llegamos a Creel, paramos en la gas y aprovechamos para tomar algo. Nos alcanzaron Adalid y Lemus y vimos a Viry, una chica de Cuautla que se inscribió y estaba con problemas pues demás de haber estado perdida mucho tiempo no tenía luz delantera por lo que Luiyi trató de ayudarla pero no había solución por lo que decidimos continuar. Se arrancaron Luiyi, Cocas y Lemus, yo me distraje en algo por lo que salí al último para ver que Adalid me estaba esperando, así como nos espero siempre a todos mostrando un compañerismo único.
Empiezan las curvas en serio
50 Kms de Creel a Divisadero, curvas muy cerradas de subida, buen peralte y mi ánimo a todo lo que da. Le hice a seña a Adalid de que pasara, preferí ir atrás por si mi paso era más lento que el de él y así no detenerlo.
Nos mantuvimos juntos a muy buen paso, Adalid curvea muy bonito, me sentí relajada, concentrada y lo más importante confiada. Y fue así cuando al salir de una curva para entrar a otra había un compañero accidentado, se lo comió la curva seguramente, bajamos la velocidad y observamos que sufría mucho dolor. Lo auxiliaban ya paramédicos y en Divisadero nos enteramos que se detuvo un participante médico y nos dijo que tenía rotas las costillas lo que me hizo concientizar el peligro que estaba corriendo y me causó miedo.
Alcancé a tomar un par de fotos (la obligada por los jueces y una de vanidad que más me convenía no haber visto pues mi cara esta con señales de mucho cansancio y deshidratación, cosa que no ayuda para la vanidad, finalmente soy mujer ¿o no?), cuando se me acercó Luiyi un poco intenso para decirme que acababan de decirle que lo que seguía estaba muy rudo, que nos faltaban más de 6 horas, que nos teníamos que ir ya. (En realidad nos faltaban más de 9 horas) y me preguntó ¿Vas a terminar Gaguita? Le respondí la verdad -¡No sé!
Desde las últimas curvas noté que Adalid miraba su llanta delantera, al llegar a Divisadero se percató de una pesadilla, la llanta estaba ponchada, Luiyi lo comunicó con Marco Almaraz para preguntarle qué podía hacer y éste a su vez le comentó que le mandaba un remolque para llevarlo a Creel a que lo arreglaran cosa que evidentemente tomaría mucho tiempo.
Luiyi, Cocas y yo decidimos continuar, francamente fue un momento muy difícil para mí por varias razones. La primera me dolió lo que pasó con la llanta de Adalid y la posibilidad que no llegaran el tiempo por ese motivo, la segunda porque no estaba segura de poder continuar al paso de ellos, ya estaba cansada y faltaba mucho, pensé en que muy probablemente tendría que continuar sola, venía la noche y mi vista no es buena, lloviznaba y me daba pavor perderme.
Fue maravilloso el paisaje de la sierra, bajar las Barrancas del Cobre en las peores curvas que ni siquiera me imaginé que rodaría algún día, con llovizna, anocheciendo, con aceite y savia. Un aplauso para mis pantalonzotes, yo me lo reconozco y es el tramo que me hace sentir orgullosa de haberlo logrado.
Mirar en la parte alta el despeñadero del lado derecho, la vegetación, las curvas que en tramos garantizaban que de despeñarme caería muy abajo pero de nuevo a la carretera, el paisaje y estar pendiente del final de la curva hizo esta experiencia mágica, nuevamente entré en éxtasis, perdí la noción de todos mis dolores que ya eran muchos y muy fuertes, dejé de escuchar inclusive el motor de la moto, fue un momento que viví en cámara lenta e inevitablemente rompí en llanto, le agradecí a Dios la oportunidad de vivir para ver eso, reafirmé que es una de las cosas que le da sentido a mi vida. Abrí la mica del casco para tratar de secar mis ojos y al sentir el aire frío percibí un aroma que no puedo describir pero diré que olía a curvas de la sierra de Chihuahua.
El primer susto
No me duró mucho la meseta pues sentía muy revolucionado el motor de Camsia (mi Softail Dluxe) y decidí hacer un cambio para descansarla y volver a bajar velocidad pero fue un error, en tres segundos alcanzó mucha velocidad, se bloqueó la llanta trasera, sentí pánico y toqué apenas el freno delantero para empezar a sentir que se zarandeaba toda, no supe controlarlo, todo fue muy rápido y terminé metiendo el clutch para terminar a punto de salirme de la carretera en el carril contrario sin poder siquiera ver aún si venía un carro de frente.
Como pude tomé control nuevamente y volví a mi carril en pánico esperando a un carro de frente. Gracias a Dios no llegó y salí bien librada de esto.
Pedí mucho a Dios que me permitirá llegar con mi familia de vuelta, pensé en mis hijas y mis nietas y por primera vez acaricié la posibilidad de no volverlas a ver.
Con esa adrenalina llegué a una zona de rectas, alcancé poco antes a Luiyi y Cocas y empezaron a correr en serio, me costó mucho trabajo mantener el paso cuando de repente se me acercó una BMW como a 100 mts. Y a estirones y jalones nos fuimos los cuatro.
Llegábamos a Balleza, que increíble ver con la poquita luz que quedaba a las mujeres Tarahumaras con sus trajes tan coloridos caminando entre los árboles o sentadas en grupos multicolor en rocas a borde de carretera.
Nos equivocamos de carretera y nos desviamos como 30 kms. No fuimos los únicos, paramos en un restaurancito pues vimos como a 8 participantes uno de ellos se acercó a Luiyi y le dijo que él estaba a punto de abandonar pero cuando vio que habíamos mujeres decidió terminar. En la entrega de reconocimientos nos lo encontramos, muy agradable, alto como de 1.90, con los ojos irritados y tomado de la mano de su esposa nos platicó que no llegó a tiempo.
Allí mismo se acercó a Luiyi otro participante y le preguntó que si se podía unir a nuestro grupo a lo que Luiyi le respondió que íbamos rápido, que si nos seguía el paso no había problema. Terminó un café, nosotros comimos algo y también tomamos café cargado. Ya faltaba menos, según yo era el último jalón.
Nos faltaban 450 kms, Parral, Jiménez, Camargo, Delicias, Meoqui y Chihuahua.
El infierno
Saliendo rumbo a Parral la carretera permitía ir a mayor velocidad, a pesar de haber muchas curvas ya no era tan demandante como lo que habíamos pasado, el tema aquí es que yo ya estaba agotada y con un ardor de espalda insoportable, los dedos de la mano izquierda ya no respondían igual por la inflamación y dolían mucho.
Me quedé sola unas dos horas, sola, sola. No veía luces atrás ni adelante y esto fue porque al entrar a una curva me encontré una rama y piedras invadiendo más de la mitad del carril, me asusté mucho y no pude continuar el paso.
Durante ese tiempo me atormentaba la idea de perderme, no tengo ningún sentido de orientación, no tenía mapa ni anotaciones, tampoco otros participantes a quién seguir hacia el rumbo correcto.
Empecé a tener alucinaciones aunque debo confesar que me preocupa que me juzguen al decir que fue real para mi, y es que a lo lejos atrás de mi vi una luz de motocicleta, me dio gusto pero al volver a mirar la luz más cerca claramente vi el brazo en chamarra de alguien que venía de mi pasajero por lo que inmediatamente hice la mano hacia atrás tratando de comprobar lo que había visto y que no era nada palpable.
Sentí una presencia agradable, en mi alucine me imaginé que era un amigo que justamente ese día cumplía 8 meses de haberse adelantado en un accidente en una Sportster Custom.
Solté una carcajada, no le doy explicación, tenía 20 horas rodando y eso sin considerar los casi 1,500 kms que recorrí día y medio antes.
En el siguiente poblado, ya resignada a seguir sola vi a algunos participantes parados, me llamó la atención en una zona oscura ver una moto en sentido opuesto y pensé que era algo loco pero era Cocas que se regresó a buscarme y es que había una moto atrás de ellos y pensaron que era yo hasta llegar a ese pueblito y ver que no era así.
Que difícil fue ese último tramo, llegamos a una gas y ya no me respondían las piernas bien, estaban entumidas y cansadas de luchas contra el viento. Quise poner el periquete para bajarme de la moto al menos unos minutitos pero algo me falló atrapándome entre la toma de gasolina y la moto, con un pie atrapado justo abajo de la tapa de la primaria. Empecé a gritar que necesitaba ayuda, dos veces y algo histérica en lo que llegaron dos personas de la gas y el chico que se había unido al grupo en Balleza. Ahora también me dolía un tobillo.
¡La recta final! Llegando a Jiménez por autopista y el peor escenario: rectas y mis ojos se cerraban.
A partir de ese momento recurrí a todo para no dormirme; tosí hasta provocarme nauseas, mordí mi labio hasta que sangró, grité, canté, oré, pujé, sacudí la cabeza con el peso del casco, me paré en los estribos traseros, aumenté la velocidad, la disminuí y obviamente me arrepentí una y mil veces de haber hecho eso. Me enojé mucho conmigo misma, me cuestioné, me recriminé y de repente, compasivamente me di cuenta de que era necesario estar viviendo esa experiencia pues me mostró que no quiero morir, que hay mil proyectos esperando ser emprendidos por mí, que quiero enseñarles muchas cosas más a mis hijas y nietas, que quiero volver a ver esos paisajes, que quiero rodar y vivir frente al mar. Pienso que esta fue la puerta de salida de una depresión fuerte que me hizo perder el sentido de las cosas, fue acercarme a un posible fin para saber que no quiero que esto termine, quiero sentir las manitas de mis nietas gemelas acariciar mi rostro, quiero escuchar las pláticas de mi nieta mayor, quiero apoyar a mi hija Tochera en sus partidos y quiero sentir los abrazos de mi flaquita y escuchar cómo me dice “te amo mamatita” quiero tiempo para decirle a mis amigas cuanto las quiero y quiero ver los cachorritos de mi perrita Chihuahua.
El segundo susto
Leí un letrero que decía “Chihuahua 30 kms”¡ Wow! Fue muy complicado, allí me arrepentí nuevamente, ¿Qué demonios estoy haciendo? No me sentía capaz de parar a dormirme tirada en la carretera, no podía parar a los demás, estaban a 30 kms de lograrlo, estaba muy desorientada y fue cuando vi conos anaranjados, había una desviación pues estaban re encarpetando un carril de la carretera, vi un anuncio enorme con una flecha de focos rojos, ya había prendido las luces intermitentes para avisarle al chico que se nos pegó del peligro.
Lo siguiente que recuerdo es el sonido de un cilindro anaranjado de los que usan para señalizar que golpeó con la moto, me salí del camino y entré a la construcción, creo que pestañee. Gracias a Dios no pasó nada, me daba miedo tanta gravilla suelta. El chico agregado fue por mí, me pregunto que si estaba bien a lo que le respondí –Evidentemente no. Me dijo que le echara ganas que faltaba muy poco. Me ayudó a salir de allí y me adelanto.
Al entrar a Chihuahua el mismo chico se acercó a Luiyi, al parecer le dijo que sabía llegar pero no fu así. Con el tiempo recortadísimo nos perdimos varios minutos hasta que le pidieron ayuda a un taxista. Que sensación tan espantosa fue estar perdidos con el tiempo tan corto.
En tiempo a la meta
Al entrar a la meta vi unas luces de linternas que me indicaban por donde, los jueces se acercaron y de inmediato checaron mi odómetro, uno de ellos dijo una frase que adoré “A tiempo” ¡Wow! Me pidieron los tickets de gasolina de los puntos que nos pidieron y la hoja de chequeos de jueces. Estaban empapados, sentí miedo de que no se pudieran leer, con los dedos entumidos los desdoblé y con miedo de que me los rechazaran los entregué. Me pidieron la foto en Divisadero y ya no tenía pila el celular, otro susto pero recordé que allí saqué un par de fotos con la cámara y fue la que mostré y la aceptaron.
Sentía mucha emoción, le di mi cámara a uno de los jueces y le pedí que nos tomara una foto a los 3.
De allí directo al hotel en dónde no me pude quitar el pantalón del impermeable y pues me dormí con él
Fue así como hice 23 horas 56 minutos, 1609 kms.
Gracias a Dios, a mis compañeros, a mis hijas y a mi amiga Vane que me apoyaron en esta locura.
Soy Gaga Participante 202
¡Y soy Asphalt Rat!
Te admiro, te felicito y te mando un gran, gran abrazo! Gracias por compartir tu experiencia con los demás y por ser buena compañera y amiga siempre. Todavía recuerdo tus consejos para curvear y los manuales que me enviaste hace ya un rato y recuerdo haber compartido nuestro primer carton de chela.
Un abrazo.
Danny
comadre que le digo
usted es Grande entre las Grandes
te Bautizaron en Gasolina y Kilometros los Grandes del Foro Tus padrinos El Maestro Ligy, la Sra Cocas los buenos amigos Lemus y Adalid.
Felificidades espero poder algun día compartir carretera con usted
ya sabe se le aprecia y se le quiere saludos desde los pueblos del Rincón
Muchas felicidades Gaga!!!
Que experiencia tan grata, y espero que ese par de sustos que tuviste, no vuelvan a pasar jamás. Queremos Gaga para rato…
PD.. aqui esta tu cromo, la verdad he andado como loco y de "gira" y esas cosas, pero aquí está.
Y un saludazazazo a Adalid, uno de los bikers rudos de este foro.
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